NO SABIA QUE ERA UNA CITA. LA PRIMERA.
SONIA FUNES MONZONIS | ALICIA HUBERMAN

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Yo vivía en un ático con una era muy grande, llena de plantas, una pérgola y espacio para pasear con mi triciclo.

Mi vecino vivía en el tercero. Era… alto, rubio y guapo, el tenía siete, yo cinco años y venia a mi casa, a mi terraza a jugar, pendiente de mi. Llevaba una espada al cinto, o sea un palo largo, y yo era su princesa a rescatar. Recuerdo la escena como una espectadora, viendo a la protagonista de cinco años, sorprendida y sonriente ante las ocurrencias de mi vecino.





Cuando nuestras mamas coincidían, se ponían a charlar y nosotros a jugar, la iniciativa siempre partía de él. Recuerdo un encuentro en la calle, el era el caballero , yo su princesa a la que tomaba su mano, mi mano, y me hacia una reverencia.

Otro día estabamos ante la puerta de su casa, sentados en las escaleras, el me contaba algo, y yo le prestaba toda mi atención, la química que había entre nosotros era notoria, nunca nos peleamos. Al llegar a casa tuve una grata sorpresa.



– Estas invitada a la comunion, y algunos vecinitos, lo pasareis bien, me explicó mama.

No lo entendía.¿Por que los invitaba? con ellos no jugaba. ¿Por que no podíamos estar solos?



Los preparativos no estuvieron a la altura. Mi vestido fue un fiasco, excepcionalmente mama no me presto atención y se lució… mas que un vestido me hizo una especie de habito franciscano en color beige. No me llevo a la peluquería, ignoro los motivos, y me recogió el pelo de la manera más infantil. Toda una larga serie de catastróficas desdichas que se agravo cuando vi a Mina salir de casa con su vestido rosa en guipur, y yo con mi triste habito franciscano.



No recuerdo bien la ceremonia en la iglesia, levaba traje blanco y corbata, estaba muy guapo y elegante, durante el banquete desde mi sitio lo miraba atentamente, toda perspectiva de jugar con el se había desvanecido. Me sentí desdichada.



Terminada la comida el fotógrafo nos llamó. Era el momento foto. No se como ocurrió, pero fui a parar a su lado, el me miró y cogió mi mano. Olvidé mi habito franciscano. Me sentí única. Todo seguía igual.



Él no fue invitado a la mía. Años después descubrí esa foto en mi álbum de la comunion, aquella imagen transmitía todo el encanto y la seriedad que en aquel tiempo ya apuntaba mi príncipe.

Muchas veces coincidía al salir del colegio pero nunca volví a hablar con el. La vergüenza no me dejó. No lo he vuelto a ver.