NO TE ESCUCHO
Mar Moreno Espino | eskapate

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Cuando conoces a alguien por primera vez y de repente una energía que no se sabe bien de donde sale, os conecta, es como la sensación que se tiene al darse una ducha después de un día entero de trabajo o como comer tu plato favorito después de mucho tiempo.

Es una sensación que te produce un bienestar tan fuerte, que ha habido algunos que lo han comparado al colocón de una droga dura.

Es tan fuerte ese embotamiento que produce el enamoramiento repentino, que a lo largo de la historia se han producido serios incidentes remarcables que me han hecho querer evitar y huir de momentos que estaba notando que podrían producir ese atontamiento obsesivo de la bien llamada ‘luna de miel’.

Un ejemplo muy notorio es la historia de uno de los mil enamoramientos que ha sufrido mi amigo Luís, él es una persona enamoradiza, comprometida y quizá un poco peliculera, siempre busca crear escenas de películas en sus diferentes encuentros amorosos. Se esfuerza tanto qué está muy acostumbrado a que la otra persona no le termine de corresponder por las altas expectativas que pone. Sin embargo, la última vez conoció a alguien igual de peliculero que él. Estaba muy contento, todo era mágico, tan mágico que sin darse cuenta, por medio de algún embrujo raro, se encontraba viviendo con él después de seis citas.

Luís todavía está tratando de descifrar cómo ha pasado, la verdad que yo le veo contento, pero me gustaría saber cuánto puede durar algo así.



Yo suelo medir estas conexiones con la gente cuando tengo la sensación de estar comiendo patatas fritas. Cuando noto eso, se que es el momento de salir por patas. Es como mi amiga Julia, a ella le flipa tener primeras citas, le gusta saber que tiene el control de la situación que está viviendo ya que siempre le ha pasado que todo el mundo a su alrededor se enamora de ella. A mi también me pasó, y estoy segura que si ella hubiera sido bisexual probablemente habría salido también por patas al sentirme comiendo patatas con ella.

Sus relaciones duraban máximo una semana, se cansaba e iba a otra cosa, hasta que pasó lo inevitable. Se acabó enamorando de alguien. Esto podría ser bueno, pero resulta que por primera vez en siglos, ella no era correspondida igual. Después de esto Julia se dio un tiempo de tanta cita.



Con estas experiencias y algunas más de otros amigos, ha crecido en mí un miedo enorme a experimentar cosas nuevas, a romantizar todo. ¡No quiero ser peliculera!. Por eso mismo prefiero dejar las cosas nuevas y primeras citas, para otros que lo disfruten. Me aferro a la realidad y a mi rutina, sin interés en ese tipo de cosas.



De repente me doy cuenta que llevo callada muchísimo rato y que no he escuchado lo que estaba diciendo… mi cita. En fin, como ya decía, esto es para otros.