1561. NO TODOS
Alejandro Solozábal Sánchez | Juan de Mirmanda

Me contaron que un estudiante observó el mundo a su alrededor y empezó a escuchar las voces que clamaban por la justicia.
En una asamblea las mujeres se habían reunido para clamar contra los abusos y privilegios masculinos, y el estudiante aplaudió los ataques contra el patriarcado y la desigualdad, y estaba a punto de unirse a la lucha cuando un hombre se levantó y dijo:
— Pero no todos los hombres son así.
Reflexionando sobre ello, el estudiante declinó su participación, aunque todavía creía en ella.
Más tarde volcó su interés en la defensa de la igualdad étnica. Sin dudarlo iba a unirse a aquella lucha, y a punto estaba de dar el paso cuando un hombre blanco se levantó y dijo a la muchedumbre:
— Pero no todos los blancos son así.
Y, de nuevo, su pie se detuvo y volvió a sentarse, un poco más lejos.
Durante la primavera, una gran masa de trabajadores reclamaba el fin de la explotación y la precariedad. Esta vez, se dijo el estudiante, la lucha es verdaderamente necesaria. Iba a inscribirse cuando se oyó a un capataz, al fondo:
— Pero no todos los ricos son así.
Al cabo de los años, el estudiante disfrutaba aún de tertulias y debates sobre temas candentes, pero ninguna causa lo contaba entre sus filas. Se luchaba a su alrededor, pero él observaba desde lejos.
Un día, los hombres ricos y blancos del nuevo gobierno lo mandaron arrestar.
— Tú estabas en aquellas reuniones — dijeron.
Lo juzgaron y llevaron hasta el verdugo, que como dicta el antiguo protocolo, le preguntó si lo perdonaba por quitarle la vida.
— ¿Cómo te voy a perdonar? Debería levantarme y luchar hasta el final contra los verdugos cuya ley me ha conducido aquí sin ser culpable. Debería luchar hasta acabar con la pena de muerte en todo el mundo.
Y el verdugo, que ya alzaba el arma contra su cuello, respondió con un mohín de disgusto:
— Pero no todos los verdugos somos así.