402. NOÉ
Juan Gimeno Lluis | Gyp

NOÉ
– Noé, has seguido fielmente mis instrucciones? –resonó una voz.
– Si, …. Mi Señor –contestó evasivo.
– Pues no he visto misionaucos ni evandules.
– Esto … Verás, mi Señor …
– ¿De verdad te los has olvidado?
– No exactamente, mi Señor. –Intentó justificarse. –Para serte sincero si traje una pareja de misionaucos, pero hubo un alboroto con los elefantes y, esto … En fin, los elefantes son más fuertes.
– No me lo puedo creer. ¿Y los evandules?
– Verás, oh, mi Señor, eran demasiado grandes. Acostumbrado como estás a las creaciones colosales, no es de extrañar que al darme las medidas de algo tan diminuto como un arca, no acabases de acertar del todo.
– ¿Cómo dices? –preguntó Dios ofendido.
– Oh, mi Señor, no tuve intención de molestarte, pero es que no había más sitio. Tuve que dejar fuera a los evandules y a los sifilustros, por su tamaño. Y tampoco entraron los agapinos, estos por tercos, no hubo maneara de retenerlos. De un modo u otro siempre escapaban, hasta el punto que pensé que era tu decisión que no nos acompañaran en este viaje.
– ¿Acaso dije yo eso? ¿Es que no me entiendes cuando hablo?
– Mi Señor, si … Bueno, casi siempre, a veces eres tan críptico en tus mensajes que no acierto a comprender.
– Pero si entendiste bien la misión que te encomendé.
– Señor, si, recuerdo perfectamente nuestro encuentro. Me dijiste que borrarías de la superficie de la tierra la humanidad que habías creado, que la tierra estaba llena de violencia por culpa de ellos. Me mandaste construir un arca y me diste las medidas.
– ¿Y bien, por qué faltan especies?
– Oh mi Señor, te he fallado, sólo soy un simple mortal y, como tal, si puedo reconocer un error cuando lo cometo, te pido perdón.
– ¿Me estas reprochando algo?
– Señor, no, tal vez el cansancio libera en exceso mi lengua. He tardado muchísimos años en fabricar el arca y cazar todos los animales.
– Agotado debes estar, sigo notando reproche en tu voz.
– Señor, perdón, no es mi intención. Si quieres me retiro.
– No, di lo que tengas que decir. Parece que piensas mucho, demasiado.
– Oh mi Señor, no, es sólo que me hago muchas preguntas.
– Adelante, pregunta.
– Verás, Señor, me pregunto cómo es que siendo Todo Poderoso, la humanidad te salió tan mal.
– ¿No me estarás cuestionando?
– Señor, no, no es mi intención. Pero no me negarás que muy bien planificado no estaba.
– ¡Basta ya! –gritó Dios.
– Es que en seis días no da tiempo a hacer un mundo como Dios manda, y perdón por la expresión –dijo Noé sin poder contenerse.
– ¡Cállate ya y entra! Insolente
– Señor, si –Noé se giró y se dirigió hacia el interior del arca y, en voz baja, murmuró –Espero que esta vez le salga mejor.
– ¡Te he oído!
– Oh mi Señor, perdón.