850. NON SERVIAM, O BUENO, SÍ, UN POCO, PERO LO JUSTO
Miguel Ibáñez de la Cuesta | Kurz

El ángel que recoge las estrellas las va metiendo una a una en un saco. Tiene un aire cansado que es una mezcla de indolencia y fastidio. Su forma de arrastrar las alas explica tal vez por qué le han encargado a él ese trabajo. Nunca aspiró a otros, como el de revelarles mensajes cruciales a los humanos o el de volar todo el rato alrededor de un mocoso para que no se parta la crisma. Él se conforma con un trabajo de poca responsabilidad, aunque sea pesado y monótono.
Ya amanece por un lado cuando él recoge la última estrella por el otro. Bosteza. Enciende un cigarrillo. Después se va por los suburbios del cielo a su casa, a dormir con el sueño inquieto de los que se amargan pero no se revelan.