967. NOTA PARA EL/LA TRADUCTOR/A
JUAN PEDRO AGÜERA ORTEGA | Alexandros

El científico terminó su alocución. Todos los periodistas quedaron pasmados ante la increíble revelación que habían presenciado. Un nuevo paradigma se abría ante la humanidad: la «creociencia». Una concepción revolucionaria que nos permitiría transformar el mundo o, según los términos de dicha disciplina, creocienciar una nueva realidad. Junto a la espectacular puesta en escena, cada representante de los medios de comunicación recibió un pequeño panfleto que los dejó desconcertados.

NOTA PARA EL/LA TRADUCTOR/A (pues tamaña revelación necesitará tener alcance planetario).
Estimado/a traductor/a, no dudo de tu eficacia, profesionalidad y acierto a la hora de trasladar desde la lengua cervantina este maravilloso descubrimiento, el avance más importante para la humanidad desde la imprenta. Sin embargo, me siento en la obligación de plantearte un serio problema traslativo, especialmente si, como supongo, tu intención es traducirlo a la lengua de Shakespeare, el idioma predominante dentro del ámbito científico. Si este es tu propósito, has de tener en cuenta, como bien habrás percibido, el matiz, pleno de ironía, que contiene el concepto «creociencia».
Una traducción literal llevaría a confusión a los súbditos de su longeva majestad. Traducir «creociencia» por “created-science” supondría desvirtuar la rica polisemia implícita en el término castellano (nótese que no pongo español para no despertar las susceptibilidades de los plurilingüismos regionalistas del país del Quijote). El término «creo» (parte innovadora del concepto dual de nuestro nuevo paradigma) denota tanto la acción de «crear» como la de «creer» y ambas son indispensables. No puedo crear sin creer en lo creado y no puedo creer sin creación. Por lo tanto, la «creociencia» conlleva tanto un acto creativo como un acto de fe, y en ello radica su fuerza revolucionaria.
¡Toda revolución implica creer en lo que uno crea! ¡Ahí radica el potencial transformativo de esta nueva disciplina!
Por este motivo, querido/a traductor/a, una traslación precisa del término sería “created-believed-science”, pero, si no queremos producir en nuestros futuros lectores tantos colapsos neuronales como desprendimientos de retina, tengo un encarecido ruego que hacerte:
Por favor, por tu familia, tus hijos, tus vecinos y las generaciones venideras; por la virgen del último suspiro o del primer renglón, el cristo de Medinaceli, el de Medina Azahara o de donde sea; por Alá, Buda o los espíritus del bosque; por STAR WARS o STAR TREK; por dios, la patria o el rey, la república, la anarquía o cualquier ideología que profeses; por tu madre o por la mía; por lo que sea (o no sea), da igual, tan solo te pido una y mil veces (al cuadrado, al cubo, al seno, al coseno, la tangente o al teorema de Pitágoras)…

¡¡¡NO LO TRA-DUZ-CAS!!!

Entiendo que, como anglosajones con aires de superioridad, os resulte difícil aprender un concepto en un idioma diferente… Pero, si la humanidad come hamburguesas y bebe whisky, vosotros podéis incorporar la «creociencia» a vuestro vocabulario.
En serio, como consejo de una civilización cultivada a otra, aprender otros idiomas no os va a perjudicar, no mata ni duele, al contrario, enriquece, como el Avecrem.