NUESTRA ‘NO’ PRIMERA CITA
Tamara Rodrigo Maestud | Tamara

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Abrí los ojos y solo vi mucha luz. Escuchaba pitidos de máquinas y sentía dolor en diferentes partes de mi cuerpo. Intenté hablar pero me di cuenta de que algo en mi garganta me lo impedía. Estaba en un hospital. Dos enfermeras me dijeron que estaba en la UCI y que estaba bien, aunque tenía un tubo en la boca que me ayudaba a respirar, pero que si todo iba bien me lo quitarían pronto. Estaba desubicada, no entendía nada y sentía la cabeza llena de niebla que me impedía recordar hasta mi nombre.

Según fueron pasando los minutos empecé a tener imágenes en mi cabeza de lo último antes de despertarme en el hospital. Sentí el viento corriendo alrededor de mí, sentí velocidad, sentí agarrarme a un cuerpo, sentí algo en mi cabeza. Supe que estaba ahí por la moto. Y por él.

Pasaron minutos, u horas, quien sabe. Sentía mi cabeza aún llena de algodón, el tubo seguía en mi boca impidiéndome hablar, máquinas que pitaban, médicos entrando y saliendo de esa habitación con paredes de cristal. Hasta que a través de ellas, le ví. Se acercó hasta mi cama con una sonrisa. En el brazo colgaba su casco. Me acarició la frente y yo intenté mantener los ojos abiertos.

-Menuda “no” primera cita, pequeña. No es el plan que tenía pensado para esa tarde- me dijo él mientras una lágrima resbalaba por su mejilla.

Recordé de pronto en forma de flashes, una película marcha atrás, yo arrastrando una maleta saliendo por la puerta de casa con lágrimas en los ojos. Una discusión a gritos en la habitación. Cenando una noche en nuestro salón. Eligiendo juntos el sofá. Visitando nuestro piso por primera vez. Nuestras últimas vacaciones en la playa juntos. Por fin mi cabeza se esclareció y recordé que después de años juntos, una discusión y mucho orgullo, me empujaron a recoger mis cosas e irme de nuestra casa una temporada. Recordé que él no paró de insistir hasta que consiguió que quedásemos otra vez. Empezar de cero. Una “no” primera cita.

-Quiero decirte todo lo que no pude ese día-siguió diciendo y agarró mi mano- Eres la persona más especial de mi vida y siento haber sido tan idiota de no verlo hasta que saliste por la puerta de casa. Voy a dedicar cada segundo de mi vida en recompensarte y en hacerte feliz, porque nunca he dejado de quererte como el primer día.

Dejó un beso en mi frente mientras yo cerré los ojos. Cuando los abrí, volví a estar sola en esa habitación. Con tanta medicación lo que yo sentí un instante, debieron ser minutos de quedarme dormida.

Por fin los médicos quitaron el tubo de mi garganta y después de un ataque de tos y con voz ronca, lo primero que hice fue preguntar por el chico que había venido a verme un rato antes. Los médicos se miraron entre sí confundidos y me dijeron que no había entrado nadie.

Entonces lo supe.