216. NUEVA VIDA
JOSÉ ANTONIO GARCIA VILLALTA | NONO

Me molesta la luz. Cerraré los ojos; aunque pensándolo bien no lo haré porque estoy seguro de que me dormiré. ¿Cuánto tiempo he estado dormido? No lo sé. Quizás es que he estado muerto. Claro, ¡he vuelto a nacer! Solo recuerdo que alguien me paso la mano por la cara y me bajó los parpados. Pero no importa, estoy vivo y dando saltos de alegría.
No volveré a cometer los mismos errores de mi vida anterior. Lo malo es que me volverán a salir los dientes. Si una persona adulta tuviera que aguantar que le salieran los dientes, se volvería loca de dolor. Cuando la muela del juicio les asoma por la encía se hinchan de anestésicos. Sin embargo nosotros, los bebés, nos chupamos los puños y mordemos todo lo que está a nuestro alcance mientras eclosionan las dentaduras.
Tengo frío, ¿será invierno? Alguien vendrá pronto a recogerme, me dará de comer y me vestirá. Cuando vea al cura de mi pueblo le diré que es un embustero. Toda la vida hablando del cielo, del infierno, de Dios, del pecado. Nada de nada. Bueno quizás el hombre lo decía de buena fe. Lo único cierto es la reencarnación. Yo he vuelto a nacer. Claro, ahora entiendo lo de la « la materia ni se crea ni se…»
Cuando aprenda a andar iré a ver a mi mujer y a mis hijos. O quizás sea pronto, mejor esperar a mi mayoría de edad para que mis rasgos sean como los de antes y me reconozcan.
De lo que sí es estoy convencido es de que no volveré a estudiar ciencias, haré letras. Nadie quiere hablar de teoremas, álgebra o de funciones, mientras que de poesía, de literatura o de filosofía todo el mundo entiende.
No me volveré a casar, de eso también estoy seguro. Y no es que me haya ido mal el matrimonio, al contrario, pero me gusta la nueva fórmula. “Mi pareja” estas dos palabras son excelsas, lo dicen todo y no dicen nada, como los políticos. Eso de “mi pareja” me suena maravillosamente, nada de responsabilidades, todo se paga a medias, el sexo gratis.
Yo es la primera vez, pero esto de la reencarnación brinda grandes ventajas. En primer lugar, nos concede una segunda (o tercera, o cuarta) oportunidad. Además, angustiaría tener que conformarnos con una sola existencia, a veces triste y dolorosa. La reencarnación, en cambio, permite empezar de nuevo.
Esto de reencarnarse también conlleva riesgos, sobre todo porque depende en el país que lo hagas. No es lo mismo volver en Somalia o Camerún que hacerlo en Canadá o Suecia. ¿Y de mujer? ¿Sería posible que la próxima vez renaciese mujer? Me está entrando hambre aunque parece que oigo ruido, sí, son pasos, alguien viene a recogerme, se ha abierto la puerta, parece un médico, viste gorro y bata blanca aunque esa botas de goma tan altas no sé para qué le servirán, lleva algo en la mano.

─ ¡Mierda de mosca! ¡Zas!