‘NUEVO Y BRAVO’
JORGE CABEZAS Y MORENO | MARTHA BIRGER KELLER

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Está nervioso. Es su primera vez en estas lides. La primera vez que va a ese sitio. Ese sitio del que tanto ha oído hablar, del que tantos ecos le llegan: buenos, malos, desesperantes, alentadores… No sabe muy bien, por tanto, qué se va a encontrar realmente. O sí; todo eso: bondad, maldad, desesperación, aliento. Ha intentado prepararse, pero también sabe, a su manera, que no puede prever nada realmente. Estará un poco a merced de lo que se diga y se haga allí. Le tocará obedecer, piensa, a lo que esté establecido. Rebelarse… ¿Podrá? ¿Sabrá hacerlo? ¿O, acaso, no será necesario? Ha aprendido a fluir, a adaptarse, a modificar sus posturas según se van dando las cosas, pero, aun así, intuye que ese sitio es totalmente distinto a lo que conoce, a lo que lo rodea, a lo que lo ha protegido toda la vida. Pero tiene que ir allí. Salir. O entrar, según se mire. No tiene claro si encontrará a otros como él, supone que sí; también ha oído que a algunos los sacan en el camino…



Ya es inminente, lo están empujando a salir, se siente impelido, aunque le cuesta: “los primeros sufrimientos” -se dice. Salir… o entrar, según se mire. Conocer la luz de la que tanto ha oído hablar, oler la brisa, los aromas de flores, ver las estrellas y la luna. El sol. Ya no piensa en nada, sólo en lograrlo. Es instinto, piensa, aunque ya no piensa en nada. Sólo empuja, lo empujan. Siente algo de frío en la cabeza. No ve nada, oye voces que lo alientan. Aliento… ¿será así, pues, este nuevo sitio: lleno de aliento, sin maldad, sin desesperación, sólo bondad? Aliento. Tiene que tomar aliento, piensa que tiene que tomar aliento, está congestionado, duele, pero empieza a sentirse de una forma nueva y extraña, desconocida, que apenas acierta a nombrar: ¿desnudo y libre? Sólo un ser humano.



¡Blups! ¡Acaba de salir de golpe, menuda entrada! Del golpe se le hinchan los pulmones, se asusta y rompe a llorar -no sabe si con esa desesperación de la que oyó hablar, pero sí con ganas, con muchas ganas. Siente un corte en el ombligo (bueno, es ahora cuando tiene un ombligo) y, de repente, nota un contacto cálido, suave, de terciopelo, y húmedo: sudor, mucho sudor. Él, además, está empapado de sangre y líquido amniótico. Siente la caricia, la presión, el contacto. Su primera piel con otro ser humano; no cuentan los guantes de látex del médico que hace escasos segundos ha acabado de entrarlo al mundo con sus manos. Ahora todo está tranquilo, acurrucado como está sobre el pecho de su madre. Alrededor, sí, hay risas, y llantos, emoción, bondad. Seguro que en este nuevo sitio no encontrará maldad ni desesperación, seguro que los ecos estaban equivocados. Seguro que, para todo el mundo, el mundo es así: lleno de aliento. Aliento. Humano. Aunque, a decir verdad, el azote del médico no le ha hecho ni puñetera gracia.