253. OBITUARIO
Antonio de la Fuente Arjona | FREMD

Sabía que Mariano no podía faltar a las lentejas de los martes. A pesar de todo. Justo estaba releyendo su esquela en el periódico cuando entró por la puerta de Casa Hortensia y se sentó frente a mí como si nada. Ni miró el periódico que yo tenía entre las manos. Solo su sonrisa perenne y ya con la cuchara en ristre esperando el condumio. No se le veía tan mal, o por lo menos no peor que de costumbre. Algo borroso, quizás. Pero también podían ser mis gafas que no estaban demasiado limpias o el efluvio vaporoso del puchero en el centro de la mesa.
-Estas lentejas están de muerte.
-Mariano, no creo que ese comentario sea adecuado en las actuales circunstancias.
-Pero es que es verdad, Paco, estás lentejas con chorizo resucitan a un muerto, son mi perdición.
Fue entonces cuando le enseñé el periódico. Ni se puso serio ni dejó de masticar.
-Perdóname, Paco, pensaba decírtelo.
-¿Sí? ¿Cuándo? ¡Te enterraron hace dos días, Mariano!
Le tenía mucho aprecio y me molestó, la verdad. Tenerme que enterar por el periódico de esas cosas. A lo mejor no éramos tan amigos como yo creía.