1000. OBJETOS
Joaquín Pretel | Sujeto

Está claro que nuestros objetos son solo eso, objetos, y que las personas somos solo eso, personas. Y está tan claro que, cuando le ves sacando su colchón por la puerta en vertical, ves eso: él, una persona, y su objeto.

Luego saca su silla naranja, que está bajo el escritorio, y la deja también en el recibidor, esa misma silla que le soporta desde hace quince años. Luego vuelca la mesa y desatornilla las patas, saca el tablón blanco que queda y los cuatro cilindros de metal. Y cuando entra ve el suelo despejado y le da una sensación de claridad.

Lo que había no está, pero sigue la mesilla de noche con la lámpara y una vela encima. Y los libros que ha dejado apoyados en una pila. ¿Por qué no ha recogido ya los libros? La mesilla sale con los cajones subiendo y bajando como dos toboganes con freno. Luego saca los demás libros de la estantería que van a una bolsa. La estantería la tumba y la arrastra fuera. Luego carga la planta de la esquina.
Ahora todo va saliendo por la puerta. Cuando vuelve a entrar en la habitación la sensación de claridad es todavía mayor.

Entonces comienza a despegar lo que cubre las paredes: los recortes de imágenes, los dibujos, las fotografías. La pared se va desvistiendo. Sigue arrancando la masilla que sujeta el calendario y el último recorte. Todo lo que había en la pared queda apilado, así apenas ocupa nada en su mano, una pila de pequeños papeles que no sabe dónde guardar. Los coloca encima de los libros en la bolsa.

Entonces la pared le dice:
—Estoy desnuda.
Él la mira y dice:
—Solo eres una pared.

Parece que la pared quiere decir algo más, pero ya no puede. Él se queda mirándola fijamente, como buscando algo. Luego se gira y mira a su alrededor. Está vacío.
Ahora se sienta en el suelo y se hace un ovillo.

Pasan los días. Mira a su alrededor. Se dice que son solo eso, objetos que ya no están.

Un día sale a comprar, algo confundido. Trae una silla, trae una mesa, trae una mesilla, una lámpara y otra estantería. Busca otros libros y otra planta. Lo más difícil es la planta. Finalmente la roba del tiesto de una comunidad, un robo a lo grande. Y así va caminando por el barrio, recogiendo aquellas cosas. Y cuando vuelve a la habitación y las coloca, les dice:
—¿No habláis?
Y ellas no dicen nada.

Entonces siente que el vacío se le ha pegado. Sale por el barrio y comienza a preguntar:
—¿Has visto una silla naranja?
—No, lo siento.
—¿Has visto una bolsa con recortes y libros?

Y mientras busca, puede imaginar a sus objetos en una habitación como la suya, colocados como los tenía él. Y allí la lámpara enfoca a la mesa y dice:
—Creo que le hemos perdido.
Y la mesa responde llorando:
—Era tan nuestro.