1140. OPERACIÓN MELOCOTÓN
Marta Solano | Eugene O´Neill

El cuartel general de la OTAN en Bruselas era un hervidero de mandos, uniformes y acentos. La tensión estaba en plena escalada y todos miraban el teléfono rojo de la sala de mando. Junto a él, el Jefe Militar de la Alianza Atlántica, el mariscal británico Stuart Peach, alias “mariscal Melocotón”.
–¿A qué espera el presidente ucraniano para dar luz verde a la operación “Putin, Putin, más malo que Rasputin”?
Paseaba de un lado a otro con paso agitado, hasta que se detuvo de pronto.
–¡Eureka, ya lo tengo…!
–¿El qué, mi mariscal? ¿Estrechamos el cerco defensivo sobre Kiev?
–No sea pelota, almirante Kay- Achim, caíllate ¿quiere? Acabo de encontrar en el suelo una moneda de dos euros. ¡Por fin un golpe de suerte!
Tiró la moneda al aire y salió cara. El mariscal elevó su ceja derecha y miró hacia las pantallas que cartografiaban las posiciones de las tropas aliadas.
–¡Cara mia! –acertó a pronunciar con acento italiano, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro-. Necesito hablar con la retaguardia italiana…
–Carabinieri al habla… Buona sera!
–Buena será si ganamos, no me venga con triunfalismos –dijo el mariscal–. ¿Sabe usted con quién está hablando?
–Salve, mi mariscali. Questa les carabinieris.
–¿Carabinieris? –contestó sorprendido–. A esta hora no está mal unos carabineros a la plancha, vuelta y vuelta. Dense prisa, que el ataque va a comenzar.
El teléfono rojo sonó de golpe y el mariscal Melocotón lo cogió antes del tercer tono.
-Mariscal Peach al habla, a sus órdenes –dijo cuadrándose con el auricular a la altura de la sien, lo que le impidió escuchar las primeras palabras de su interlocutor. Además, las interferencias dificultaban enormemente la comunicación.
-O-PE-RA-CIÓN (…) – RASPUTIN (…) –PALMA (…) -ATAQUE (…) –MACARENA- CORTO Y CAMBIO.
El mariscal se quedó pensativo: ¿Debía empezar las operaciones? Ni siquiera había escuchado el nombre del emisor. Toda la vida esperando a dirigir las fuerzas de la OTAN en una gran ofensiva, y estaba fuera de juego. Empezó a sudar ante la mirada de todos los suboficiales. Se recompuso, mientras repasaba las palabras que había conseguido escuchar…
“Operación, Rasputín, Palma, ataque, macarena; operación, Rasputín, Palma, ataque, macarena!
Y al ritmo que repetía las palabras en clave, empezó a mover las caderas, extendió los brazos y todos los militares le siguieron.
–Ehhhh, Macarena… oé.
–Vamos a darle Macarena a los rusos. El que ríe el último, ríe dos veces ¡¡¡Al ataqueeer!!!
MANDO RUSO:
–Estos aliados están locos. No saben que la Gran Rusia ha vuelto -dijo Putin, Rasputin–. No aprendieron de Napoleón y Hitler. No hay que meterse con los rusos en invierno. Corto gas, Europa se congela y yo con el “humor de mi vida” haciendo la matryoskhka.
MANDO OTAN EN BRUSELAS:
Las noticias del ataque corrieron como la pólvora en Bruselas y saltaron como un “cóctel que mola mogollón” a Estados Unidos. La III Guerra Mundial había comenzado. Se montó un buen melocotón. El resto, ya es historia.