OPERACION SUSHI
Alan Vagenberg | ALAN VARGAS

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Sushi. Sí, sushi. Es la opción culinaria predilecta para esta clase de operaciones, o, en términos civiles, para una primera cita. Los restaurantes japoneses suelen ser íntimos y ofrecen precios razonables, pero lo más importante es que ofrecen un servicio rápido, lo cual facilita un escape inmediato si las cosas no van por buen camino.

Inteligencia sobre el Terreno

Yo trato las primeras citas como una operación militar especial porque son muchas las cosas que pueden salir mal. Mi planeación es meticulosa. El primer paso consiste en conocer al “adversario”. ¿Quién es ella? ¿Qué tipo de experiencia tiene?, ¿Cuáles son sus motivos y demandas?

Equipamiento Adecuado

Continuo con la selección de mi dotación reglamentaria. Los vaqueros y una camiseta negra suele ser el estándar para este tipo de incursión. Solo una vez tuve que cambiar mis tenis por mocasines porque los términos los pudo dictar ella. Era una mujer bellísima y famosa, lo cual me colocaba en desventaja.

Estrategia de Despliegue

Una vez en el restaurante, es imperativo mantener una distancia segura y saber cuando contraatacar. Si quiero evadir una pregunta incómoda, es tan simple como fingir que el wasabi me ha picado.

Tácticas de Distracción

No hay que subestimar el uso de tácticas, dan la oportunidad de nivelar el campo de juego. Por ejemplo, sé que los grandes rollos de sushi en sus pequeñas bocas las hacen sentir nerviosas, lo que ayuda a desviar su atención a mis imperfecciones.

Intercepción de Comunicaciones

Al igual que un oficial de inteligencia intercepta mensajes enemigos, hay que descifrar los gestos y señales que mi cita envía durante la conversación. ¿Hay señales de interés o de retirada? Hay veces que los mensajes pueden ser crípticos, reconocer si espera un beso puede ser un gran enigma.

Bajas y Retraguarda

Las bajas pueden ocurrir por razones físicas o mentales. A menudo, se deben a la falta de sentido del humor o diferencias políticas. El caso más particular fue con una cita de Tinder. Ella afirmaba poseer la habilidad de percibir a los muertos, y en nuestra cena mencionó que Nelson Mandela nos acompañaba. Ante tal situación, opté por declinar cualquier posibilidad de involucrarme en un triángulo amoroso. Afortunadamente, había identificado dos salidas de emergencia durante mi planeación. Decidí salir por la puerta de atrás, justo antes de pagar la cuenta. ¡Qué Mandela pague la cuenta!

La Victoria en la Guerra del Amor

El amor hay que abordarlo como una guerra: con estrategia, astucia y paciencia. Cada primera cita es una batalla, pero con buena coordinación y conocimiento del terreno, estoy listo para conquistar el corazón de mi «adversario». ¡Hasta la próxima misión!