OPORTUNIDAD
Lucía Urrestarazu Heredia | Idazlea

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No encuentro la libreta donde me había apuntado qué decir. Aunque si la encontrara estoy segura de que ya no tendría sentido. Creo que solo tenía montones de estupideces que si las digo hoy pensará que soy una idiota.

Ahora mismo estoy más ocupada pensando en cómo vestirme. Nunca he ido a algo así. ¿Cómo se supone que tenga que hacerlo? ¿Debo arreglarme o vestirme como yo esté cómoda? Supongo que la segunda opción, aunque esa no excluye a la primera, ¿no? Aunque, ¿cómo estoy cómoda? Ahora me veo fea con cualquier cosa.

Este pantalón es demasiado ajustado, este jersey no esconde mis pezones, esta falda es corta y este fue el vestido provocativo por el que empezó todo. Cierro los ojos. No creo que pase nada por ir con sudadera y unos vaqueros.

Ahora el problema es mi estúpido pelo, semejante a la melena de un león. Nunca me ha gustado. ¿Por qué no puedo tenerlo liso? Así nunca me habrían insultado por ello. Nunca lo habrían intentado tocar.

Me miro al espejo cuando he terminado de vestirme con una sonrisa torcida. No me gusto, me odio y estoy horrible.

—¡Ana, llegamos tarde! —dice mamá desde la entrada.

Vuelvo a mirar mi reflejo. ¿Cómo es que hoy me veo tan mal? Nunca una sudadera me había quedado tan horrible. Nunca me había dado cuenta de lo mal que me visto siempre.

—¡Ana, venga!

Salgo a la entrada con cortos pasos y veo a mi madre. Ella ablanda su rostro cuando me mira a los ojos. Acaricia mis mejillas mientras me esfuerzo por no llorar.

—Todo irá bien, cariño —me promete. Se me ha escapado una lágrima que limpia con la yema de su dedo—. Todo irá bien —repite, me da un beso en la frente que libera algo de calma en mí—. Hoy es un poco difícil porque es la primera vez, pero antes de que te des cuenta notarás una gran mejoría.

Asiento con dificultad, ella hace una mueca.

—¿Qué pasa? —pregunta.

—Tengo miedo —consigo susurrar—. ¿Y si piensa que estoy exagerando, mamá? ¿Y si cree que soy tonta?

Ella da un suspiro y vuelve a acariciarme las mejillas.

—No estás exagerando y mucho menos eres tonta —me dice—. Deberías valorar lo valiente que es aceptar ir a terapia, cariño. Quiero que sepas que estoy orgullosa de ti.

Mis ojos se empañan y siento como un gran peso se libera de mis hombros. No aguanto más. Le rodeo con mis brazos, me entierro en su pecho y comienzo a llorar sin control.