OTRO MUNDO
Vicente Fernández de Bobadilla | Tamacheca

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Elegir lugar iba a ser complicado. La clase de local, la hora, el barrio. No iban a comer ni a cenar, eso estaba claro. Sabía que, por muy bien que fuera aquel encuentro, nunca alcanzarían semejante grado de intimidad. Pero fue ella la que resolvió la situación, con un mensaje donde indicaba un céntrico café y sugería un día y una hora. ¿Te viene bien el martes a las cuatro?

Cómo no le iba ir bien. Igual podía haber dicho las cinco de la madrugada. Cuando vas a conocer a una celebridad no pones condiciones, te entregas. Y costaba creer que le faltaban minutos para tener delante a Marta Arce, tras años siguiendo sus novelas y sus artículos. Luego hablaban del influjo maligno de las redes. En su caso, había sido todo lo contrario. Un día le escribió un comentario en su Facebook, y se encontró con un “me gusta” y una contestación. Fue el primero de muchos intercambios; claro que sus publicaciones en el muro no eran las únicas, pero quería creer que se recibían con una especial atención.

Un día, llegó lo inesperado: un mensaje de Marta. Le apetecía quedar para charlar con él y conocerlo.

Lo primero que hizo tras recuperarse fue preguntar si era una broma. No lo era y le ofreció los datos necesarios de comprobación. Y allí estaba ahora, sentado a una mesa y posponiendo su pedido hasta que ella llegara. Dejó junto al móvil el libro obligatorio para la firma. Se había decidido por «Las lágrimas del alma»; no era el último, pero sí el que más había disfrutado. No quitaba los ojos de la puerta, atento a que entrara para reconocerla.

-¿Arturo?

Había llegado a su lado sin que él se diera cuenta, pero no era Marta. Nadie podía ser menos Marta que aquella chica de veintitantos años. Aquella melena castaña, aquella sonrisa que no terminaba de atreverse, aquella calidez en sus ojos, no eran los de Marta Arce. No tenía ni idea de quién era, y su mirada de desconcierto lo dejó muy claro.

-Me llamo Aurora. Soy la CM de Marta.

-¿La CM?

– La Community.

Entonces entendió. Por salir de su decepción, la invitó a sentarse, y Aurora le confirmó que Marta tenía mucho lío y pocas ganas de discutir con extraños. Era ella la que llevaba todos aquellos meses contestando a sus mensajes, dándole la razón o debatiendo. Y, bueno, concluyó, ya sé que estas cosas no se hacen. Pero por lo menos una vez, quería ponerle cara a alguno de los seguidores. Y me has caído bien, creo que se me notaba.

Arturo estuvo de acuerdo: pasar del mundo virtual al real era una imprudencia. Pero allí estaban. Sólo unos minutos antes había creído que iba a estar con Marta Arce. Y, de hecho, estaba con ella; con la Marta Arce que quizás era la que de verdad importaba. La que ahora, despojada como él de su careta digital, le ofrecía la oportunidad de conocerla.

Y sonrió.

-¿Qué quieres tomar?