Paisaje sonoro I
TESSIE RICE MARTIN | T Rice

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Juan está dando una primera vuelta con el coche en un aparcamiento abarrotado y ya siento el corazón golpear fuerte. Estoy inquieta pensando en que no encontremos plaza libre y lleguemos tarde. Las reseñas de internet de este parking son poco alentadoras: «mala gestión», «penoso», «llegamos tarde». Vamos bien, pero no puedo evitar agobiarme. Han sido dos horas conduciendo con el corazón en un puño, rezando para no encontrarnos nada: accidentes, retenciones, pinchazos, tsunamis, alienígenas…



Juan me riñe por ir tan acelerada, pero sé que por dentro está encantado observándome. Sabe que es un día importante. 25 años soñando con esto. Y ahora ya solo tengo que entrar, llegar hasta mi asiento (¡en primera fila!) y esperar a que la magia empiece.



Cierro los ojos. Me veo con mis amigas por el centro comercial. Aquel día yo tenía un plan que me avergonzaba confesar: comprar un CD de una cantante desconocida para mí y que había descubierto en el canal de videoclips. Era Sheryl Crow. Aquella música sonaba tan distinta. Yo tenía 15 años. Desde entonces su música y sus letras han mecido todas las etapas de mi vida.



Cierro los ojos. Juan y yo en nuestro primer «algo más que amigos». Yo, en la universidad y él recién llegado de sus seis meses en Australia. En aquel piso de estudiantes escuchábamos «The Globe Session» desnudos, encerrados en su habitación. Nos sorprendía que el otro conociese a esa cantante que casi no sonaba en España. Trece años después retomamos nuestro «algo más que…» para formar una familia, casi con avaricia.



Cierro los ojos. Viajes lejanos, rupturas de corazón, emocionantes proyectos, su música siempre de fondo. Poner un CD suyo era entrar en un solitario bar de una carretera secundaria y tomarte una cerveza con un colega que siempre te espera allí, entre silencios y miradas. Yo, desde este lado, también la he visto sufrir por amor, ser mamá, superar un cáncer…



Pero ni un concierto en España en 25 años. Algún día, quizás. Pero pasan los años y cada vez se ve más improbable. Niños, hipotecas, obligaciones… El tiempo es voraz y no da tregua.



Hace poco tuve una pesadilla que me perturbó con su recuerdo durante horas. Soñé que Sheryl fallecía. Sentí de repente su muerte como la de un amigo íntimo, me dejaba un vacío sordo, ingrávido. Nunca habría un concierto. Su presencia en mi vida, aparentemente invisible, se manifestó como una bofetada. Cuánto me había acompañado en el camino.



Cierro los ojos. Mi hijo pequeño baila su canción favorita, es de la película Cars y ella la interpreta. Y sonrío. La vida, sus guiños.



Y hace unos meses, de repente, ¡¿un concierto en España!?



¡Ya! ¡Ya sale…! voy a gritar, a cantar, mi vida en acordes, letras, melodías. ¡Sheryl! ¡Sheryl! Cruza su mirada conmigo y sonrío. ¡Gracias por tantos momentos! ¡Gracias por una primera vez en la vida!