1476. PALABRAS CON RIN TÍN TÍN
INMACULADA BLANCO BLÁZQUEZ | ANA RITA

Se me ha echado el tiempo encima, de hecho, mis dedos ( largos lápices de carne y hueso) van rintintineando para escribirte.
Había pensado decirte un sinfín de cosas, Serafín pero, me callo porque si hablara o hablase, las paredes de esta habitación recordarían calzones de anticuario que, no mostraban ni los atuendos más masculinos que hay que tener: los “huecos”. Aún sigo pensando si era antes la gallina o los huecos, Serafín.
No me das pena ni lástima, ni eres lastimoso ni tan siquiera, me lastimas ni eres el mimo que, antes me mimaba como mi mamá me mima, quién ama y mima a mí mamá, tu suegra ¿Te acuerdas?
Te voy a tutear, aunque de tanto que te tuteé, te toqué hasta lo intocablemente, la gallina o el hueco. ¡Ay, Serafín! ¿Serás el fin?
Lo fuiste. Serafín, fuiste el punto final de una historia que, se quedó en microrrelato, es decir un relato micro, corto y punto pelota.
500 palabras dan para mucho. Los años pasan muy deprisa, tan deprisa como el rayo, la liebre, la gacela o el caracol.
¿Perdona? ¿El caracol, col, col, col saca los cuernos al sol?
No me lo recuerdes, Serafín, sin ser torero supiste torearme.
Me pusiste como sombrero, esos cuernos que, que, que te voy a contar que no sepas. Paseé los susodichos por plazas, tiendas, risas y el boca a boca. Recuerda que me llamaban “ La Verónica”.
Yo, como soy muy tirá palante, miraba al tendío y seguía caminando como Don Quijote, figura esbelta, fina y segura, saludando como princesa de cohorte. Mano abierta como abanico saludando.
Pensaba que, eras un hueso duro de roer y de reír, pero, ahora van diciendo por ahí que, te ríes a carcajada limpia, de hecho, dicen que, tus posaderas huecas y duras rompen el suelo al caerte desde tu seriedad hasta esta nueva faceta desconocida para mí, la risa.
¡Lo que es la vida!
Recuerdo cuando te metías con mi trasero diciendo que, era una plaza de toros y fíjate por donde….
Corramos un tupido velo: trasero, risas, cuernos, caracol, suegra, palabras, recuerdos y olvidos.
No me quedan palabras, Serafín, de 500 he malgastado en ti más del ochenta por ciento. Esto da para mucho, pero sabes qué te digo que, el veinte por ciento me lo guardo para ir de compras.
Voy a gastarme el poco dinero que me dejaste en la libreta en un traje de luces, una montera, unas zapatillas y un capote amarillo chillón rintintineante y desde el ruedo te voy a brindar el primer toro, Serafín.
¿Por qué? Porque las ganas me dan, me da la gana, sin ser grosera ni tener una espada en el corazón, quiero que sepas que ¡Ay, Serafín!
Estas palabras se adhieren al papel con tanta fuerza que ni el huracán más voraz podrá olvidarse de lo mucho que te quiero, te amo, te, te te, te chocolate y café.
Olé. Olé. La montera cae mirando al sol. Dos orejas y el rabo.
Con rin tín tín va por ti, Serafín.