316. PALABROTAS
Daniel Masot González | Elidán Mago

PALABROTAS
Una vez escuché que la verdad es como el ojo del culo, cada uno tiene el suyo. A mí me dolía la barriga, desde hacía ya tiempo, y no sabía por qué, esa era mi verdad. Así que dejé la cerveza, ¡menuda putada! También dejé la carne roja, y el vino, joder, incluso prescindí del tabaco. ¡Hostia! ¡Sus muertos! Pues, sí, coño, que parece que nos hayan cortado los cojones a todos, decimos perdón y gracias cuando en realidad querríamos meterle un guantazo a alguien por impertinente y gilipollas, ¿Qué coño pasa si digo palabrotas?
Yo padecía unos dolores de barriga terribles, me retorcía de dolor como un puto gusano, joder, a veces creía que me rajaban por la mitad y sentía como un puño que me retorcía los intestinos, y eso que me había convertido casi en un asceta. Así que decidí ir al puñetero médico, cabrones, cómo los odio, no soporto esa condescendencia profesional, ese ánimo imperturbable, esa inquebrantable tranquilidad, bueno, más que odiarles les envidio y admiro, qué cabrones que son. El caso es que fui al jodido matasanos para que me ayudara con los dolores de tripa, y el muy imbécil, después de haber realizado análisis de orina, de mierda y de sangre, no supo diagnosticarme. Me cagué en su madre en silencio y le agradecí la receta que me extendía con mucha amabilidad, se trataba de un laxante. Pasé por la farmacia, qué hijos de puta estos también, venden remedios para pobres a precio de oro, total, que compré el puñetero laxante y al cabo de un par de horas cagué lo que no está escrito, de lo lindo, mi ojo del culo no se había dilatado de aquella forma desde que tenía siete años y me pasé una semana sin cagar y al final resultó que salió un cagarro como un puño.
Como seguía doliéndome la barriga fui a ver a un naturópata, los naturópatas son como médicos, pero en vez de usar medicamentos químicos para curarte recurren a compuestos naturales, y además te escuchan cuando les hablas, y creen que la enfermedad es el resultado de un proceso de negación de uno mismo, que cuando haces algo que en realidad no quieres hacer esto te afecta y te pones enfermo. Total, que el puto naturópata, perdón, era un buen tío, dijo que mi problema era que no expresaba mi rabia, y esa rabia se transformaba en dolor de barriga. Me recetó unas cápsulas de plantas y me dijo que no me cayara lo que quisiera decir, que no reprimiera lo que sentía, que debía expresarme, cóño, y además decir palabrotas, y que si a alguien no le gustaba, pues que se jodiera. Desde que digo lo que pienso e insulto al desgraciado que intenta colarse en la fila del supermecado me siento mucho más tranquila y relajada, ya no me duele la barriga, y cago de perlas.

Elidán Mago