1408. PAPÁ Y YO
Marina Durán de la Torre | Marina

El nombre de mi padre es Loreto. Es un nombre unisex, según él, pero es más conocido para mujer. Así que cuando mis padres me firmaban algún justificante en el colegio, se pensaban que vivía con dos lesbianas. Y eso en los 80, era casi delito. De todas maneras, los tiempos han cambiado. Yo ya no voy al colegio y mi padre está muerto. Aunque he de decir, que en el tanatorio se liaron un poco con los papeles, debido al nombre, y claro también con las cenizas. Mi madre se dio cuenta del error dos años después. Tuvimos en casa a un hombre de Bilbao y mi padre viajó a Murcia. Loreto estuvo viviendo durante un tiempo con un viudo llamado Fernando. La verdad, es que todo fue un maldito caos. Finalmente, conseguimos recuperar a mi padre. Hicimos una misa para celebrar su vuelta a casa. El cura dedicó la misa a una humilde y valiente persona, la señora Loreto. En esos momentos, mi madre y yo estábamos tan cansadas, que no teníamos energía para luchar de nuevo por el género de mi padre. Así que dejamos al cura hacer su show. Ya nos daba igual todo. Y creo que puedo decir, que mi padre es la primera persona transgénero post mortem.
Después de incinerar a mi padre, no sabíamos que hacer con él. Era un hombre muy callado. Yo no tengo recuerdos de él diciéndome nada. Para mí, era un hombre que vivía en casa y tenía la misma nariz que yo. Pero él hacía su vida y yo la mía. Así que le dije a mi madre: mamá ¿Qué hacemos con papá? ¿Dónde tiramos las cenizas? ¿Qué le gustaba, el mar, la montaña? Y mi madre me dijo: al lado de las máquinas tragaperras.
Cuando incineras al alguien, te dan como una mochila del gimnasio, para poner la urna dentro. Así que pensé, ¿Y qué hago? ¿Voy con mi padre a la espalda por la calle o cojo un taxi? La muerte confunde mucho. No sabes que es lo que tienes que hacer. Así que cuando estaba a punto de coger un taxi, oí una voz que salía de mi espalda: “¡Marina, coge el bus!” Mi padre era muy tacaño. Así que cogí el bus hasta mi casa. Yo vivía al lado del crematorio. Y para no haber hablado mucho en vida, he de decir que mi padre era un poco pesado. Por aquella época yo salía con un alemán y cuando venía a Barcelona, la verdad, no salíamos mucho de la habitación. Así que le dije: “Mi padre ha muerto y está en una urna debajo del escritorio” y me dice: “¿Hemos estado follando con tu padre muerto en casa?” Y le dije: “Karl, no te preocupes. Lo puse mirando a la pared”. A la semana decidí llevarlo con mi madre y quitarme el muerto de encima. Esta vez sí cogí un taxi. Mi padre nunca viajó tanto en su vida como en aquel mes.