42. PAROLE, PAROLE
BEATRIZ VILLENA DURÁN | AFRI

500 palabras. Le piden 500 palabras a alguien que genera 3000 por minuto. ¿Os imagináis?. ¿Y qué se supone que debo de hacer con el resto?, es como si vas a un restaurante y al pedir el menú, te dicen que sólo puedes utilizar dos palabras. Con la jarra de agua y el pan, ya vas servido. ¡Y ni siquiera!. Con la jarra de agua ya estaría. No digamos ya si les pide la carta para ver qué tienen. Ya puedes levantarte. Ya has comido.
Y de eso precisamente quería hablaros. No. No de restaurantes, que a decir verdad, tampoco es mal tema. Sino de palabras. Muchas. Muchas palabras. En mi mente todas, eso sí. Y cuando viajo, hasta en diferentes idiomas. Yo, que a duras penas domino mi lengua, soy capaz de pensar en inglés, en árabe, ¡en ruso!, madre mía, ruso… el caso es que mantengo auténticos diálogos internos, ¡os lo prometo!.
A veces llego a creer que estoy “pichi-pichá”. Entonces salgo a la calle, me siento en un banco cualquiera y me dedico a observar a la gente que pasa. “¡Ajá!, ¡Os pillé!”. Por las muecas que hacen y algunos imperceptibles gestos, sé que en ese momento están pensando. Claro, cosas. Pero las cosas se dibujan con palabras. Y no con una, ni dos, ni tres… sino probablemente con muchas, muchas palabras. Al cabo de un rato, entre las que atribuyo imaginariamente a las personas y las que traigo de casa, me da un dolor de cabeza que si las convirtiera en confeti(las palabras, digo), tendría para abastecer de colorines el carnaval de Brasil. ¡Una pasada!.
Una vez leí que si fuéramos por la calle diciendo en alto todo aquello que pensamos, creeríamos que estamos todos pirados. No estoy para nada de acuerdo. Si hiciéramos eso, normalizaríamos el ruido mental y algunas dejaríamos de pensar que estamos “pichí-pichá”. Incluso podríamos ayudarnos los unos a los otros “y a las unas y a las otras”.
-Tranquila señora, que todavía son las 16 y la ferretería cierra a las 20:30. Le da tiempo de sobra a llegar.
-¿En serio que no sabes por qué tu hermano al que pegaste un tortazo con la mano abierta, está molesto contigo?
-No te martirices más, emborracharte delante de tu jefa y acabar cantando el tractor amarillo, ya no está considerado como algo humillante.
Y así todo. Yo no lo veo mal. Hay quien dice que salgamos con la ropa sin planchar. Me viene bien. Creo que no he planchado una sola prenda desde que me fui a vivir sola hace ya, ¿500 años?. ¡Mira, como las palabras!.
Pues eso, que abrirse al mundo es algo bueno. Aceptar, normalizar, respetar, apoyar, comprender, sonreír, no tomarse tan en serio, perdonar, tomarse una copa de vino con una rica cena y alguien que sepa escucharte y sobre todo, alguien a quien te apetezca escuchar, y seguro que darle tantas vueltas ya no sería tan necesario. ¿No creéis?
En fin, pues eso… Palabras.