934. PASTAS O DULCES
Manuela Rojas Jimenez | La costurera

Vivíamos en Barcelona, un día mis padres decidieron trasladarse a Málaga ya que teníamos familia allí desde siempre. En mi familia somos seis personas, papá, mamá y cuatro hermanas.
Estábamos acabando de acomodarnos en nuestro nuevo hogar, cuando mí madre dijo:
_¡¡Elenita cariño!! Toma estos 10 euros y ves al super de aquí al lado y compra 1 kilo de pastas.
Mi hermana Elena es la más pequeña de cuatro hermanas golosas, así que, eso era lo más fácil, que fuese ella, ya que las demás estábamos acabando de recoger. Salió corriendo a la habitación y se puso sus mejores galas -era la más pequeña pero la más espabilada- coge su bolso y sale por la puerta con todo su poderío.
Nosotras, las tres que quedábamos allí, ya relamiéndonos los labios, pensando en el atracón de donuts y cruasanes que nos íbamos a dar, incluso mi madre ya preparaba la mesa para los cola-caos.
Se escuchó la puerta y todas nos giramos de golpe buscando con la mirada el manjar que traía Elenita.
_¿Donde están las pastas Elenita? -preguntó mi madre al ver que no llevaba nada en las manos.
Mi hermana se encogió de hombros, tiró el bolso al suelo, y replicó un poco confusa:
_¡¡Pues no lo se!! ¡¡La de la tienda me ha dicho que qué tipo de pastas quiero…si macarrones, fideos, espaguetis…!!
Tardamos unos segundos en comenzar a reír y, mi hermanita Elena casi a llorar.
No caímos en la cuenta que en Málaga no se les llama «pasta» a la bollería, si no que, se les llama «Dulces».