1196. PENE DE PLASTILINA
Cristina Navarro Soler | A todo que sí

Me he apuntado al gimnasio. Este año sí que sí, llego al verano más fuerte que el vinagre de cooperativa. Hoy, mientras me acicalaba en el vestidor del gym después de una merecida ducha, no he podido evitar escuchar la conversación entre lo que supongo que son dos amigas. Una rubia y una morena. Me he quedado enganchadísima a la fascinante trama de la charla.
Ambas tendrán unos sesenta y pocos. Muy bien llevados, por cierto. Se notan las horas de gimnasio y la pasta invertida en sus cuerpazos. Las cremas que no compran precisamente en el supermercado, la pedicura impecable, el pelo perfecto, “retoques” varios… y que le quitan la grasa al jamón.

Morena: ―Cari, pues al final me voy con Olivia 15 días a Cuba. Nos vamos dentro de dos meses. ¿Oye, por qué no te apuntas? Vamos en plan hotel eh, nada de mochileo. Relax total.
Rubia: ―Me encantaría amor. Jo, os lo vais a pasar súper bien. Pero no puedo vida, en dos meses tengo aquella cirugía que te comenté.
Morena: ―Es verdad, para rejuvenecer la vulva. Ay, no sé cari, ¿de verdad te lo vas a hacer? Si ya te pones inyecciones de ácido hialurónico ahí abajo cada dos por tres……
―Rubia: Sí. A mi marido le gusta así. Dice que queda más estético.
―Morena: Pues si que tenéis fiesta todavía, qué envidia. Yo con el mío hace años que nada. Pero bueno, por lo menos sigue siendo cariñoso y detallista conmigo.
―Rubia: No, que va amor. Si a mi marido hace años que no se le levanta. Y ya lo conoces, siempre ha tenido un humor de perros.

Espera. Espera que tengo que recapitular y asimilar lo que acabo de escuchar antes de que me dé un telele. O sea, que la mujer rubia lleva no sé cuanto tiempo pinchándose ácido hialurónico en la vulva, entiendo que para lograr un aspecto más juvenil. Y ahora, además, se va a someter a una intervención para hacerse vete tú a saber el qué allí abajo. Porque el señor marido quiere que su mujer, que va de camino a los setenta, tenga los genitales de una veinteañera, cuando a él hace años que se le ha muerto el canario.
Que se alise él los huevos, “por estética” también, ¿no te joroba? Y con la piel sobrante, le puede hacer un monedero a su querida mujer. Esto sí que sería un regalo original y único.
Mira, tu marido es un imbécil, pero tú eres tonta por no haberlo mandado a tomar viento todavía.
¡Vete a Cuba con tus amigas mujer!

Líate con un cubano sabrosón, que te mire a los ojos, y no tanto la vulva. Y que te toque la vulva, en vez de la moral. Haced el amor en playas de arena blanca, y entre polvo y polvo: ¡chin, chin! Tomaros un mojito, a la salud de tu marido, de su gran sentido de la estética y de su pene de plastilina.