Pescado o carne
luis uriarte montero | Benito Yucatán

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Cuando me cité por Internet con esa mujer quería olvidar todo mi pasado, ese primer amor con una niña de ojos verdes que quería a otro más mayor, mi posición no superó el cuarto lugar, luego ella se marchó por un trabajo de su padre a otro lugar y no la volví a ver, su gorro blanco, su pelo lacio en torrentera me hizo saber el disfrute amargo de la derrota, luego como sólo conocía su nombre: Adela, no pude saber nada de ella.

Estaba nervioso por la cita, era un hombre solitario, no había conocido grandes historias de amor, sólo una que duro una tarde de cine, parece que nuestros gustos cinematográficos no coincidieron. Un amigo decía que buscaba en todas las mujeres a ese primer amor, tal vez no se equivocaba.

Me arreglé para esa cita en un pub, ella me esperaba sentada en una mesa, llevaba un pañuelo al cuello, ese era nuestro secreto para encontrarnos, cuando se volvió a mirarme no concedí crédito a mis ojos, era ella, había pasado el tiempo pero la recordaba, ella no me reconoció y lo dejé pasar hasta que un recuerdo de un escondite los dos juntos en un portal, yo conteniendo mi respiración al notar su aliento, la llevó al recuerdo de mí, después de contarme que se casó y se divorció después no fluyó la conversación, era tan poderoso el influjo del recuerdo que el encuentro duró diez minutos.

No la he vuelto a encontrar, ni falta que hace.