323. PILI Y MILI
Elena Navarro Asensio | Princesa sin Hache

No sé si se puso de moda aquel año o es que realmente lo fuimos para nuestros padres, pero en la cuadrilla nos llegamos a juntar tres Milagros. Ante tamaña cifra, y como método de diferenciación, una, la más briosa, se adjudicó el original, así, por sus bemoles, con las ocho letras completas y biensonantes. Otra, la pavisosa, eligió el cortito Mili, en este caso por los bemoles de su novio, que era igual de corto que el nombre y estaba en la susodicha, en la mili, y como a ambos les hacía gracia esa anécdota, nadie le quitamos el gusto. Y a mí…a mí me reservaron la guinda, el, a priori, ñoño Milagritos, “Milagritos Clavel, para servirle a Dios y a usted”, que, oye, no estaba tan mal, peor lo tienen las “Pilares”, y más si van acompañadas del María, que así acaban, criaturicas, en un batiburrillo de Pililis, Pililas (perdón, ésta se ha colado), Pilarines, Piluquinas, Mapis, Maripis, Maripipis y demás combinaciones no aptas para personas con problemas de atascamiento bucal o escaso frenillo lingual.

Además, con el tiempo, y por suerte, mi Milagritos evolucionó igual que los Pokemon y se quedó en un mísero Itos, transformándose oficialmente en “la Itos”, que, oye, seguía sin estar tan mal y sin pasar nada…hasta esta mañana, en el centro de salud, cuando la enfermera, mi querida amiga Mili (sí, esa, la del novio cortito), ha salido a llamarme, canturreando…

—Clavel…Itos…Clavel…Itos…

Lo ha hecho, ya lo creo que lo ha hecho, que es aragonesa y cabezona, con su tercera vez incluida, seguida, por supuesto, de un “de mi corazón” coreado por el resto de pacientes. Me pregunto qué les habrá prometido a esos esbirros, quizá tomarles la tensión y el azúcar para el resto de su existencia, que eso les encanta. La verdad, una auténtica vergüenza por su parte, pero es que la Mili siempre ha sido muy envidiosa y se quiere apoderar de mi Itos porque su diminutivo le sigue recordando al amor de juventud, y todavía no se lo ha podido quitar de la cabeza, ¡con lo mal que ha envejecido y lo feo que está!

O confieso que, en el fondo, me da pena la pobrecilla, ojalá madure pronto y aprenda de mí, que ni me he inmutado ante semejante situación. Sólo le he dicho, muy amablemente, y como quien no quiere la cosa, que le diera recuerdos a su bailonga gemela, la Pili, y es que esa broma le jode…