199. POCO HECHA Y YA ESTÁ
Rodrigo Carpio Fischer | Cronos

CONDE FEDERICO II. — Es curioso que me lo pregunte… verá usted, yo tengo unos orígenes, digamos… poco convencionales. Empezó todo hace treinta años. Cuando el COVID ya iba por la variante Omega. Que, si bien recuerda, era el Apocalipsis Zombi. Pues resulta que mi padre estaba entre ellos. Un zombi en toda regla. Es decir, hasta que inventaron la bebida energética REBORN. Pensada originalmente para combatir la resaca y que realmente solo servía para devolverle la razón a los muertos vivientes. Los gobiernos decidieron utilizar REBORN para reincorporar a los zombis a la comunidad ya que la muerte era una parte muy importante de la política de aquellos tiempos. Cuando mi padre bebió su dosis de REBORN, recordó su pasado y volvió con mi madre. Quien, por cierto, estaba embarazada de mí. Sin embargo, mi padre no se esperaba aquello que encontraba al llegar.

—¡Amor mía! — exclamó mi padre muerto con ilusión—. ¡He vuelto a casa!

—Federico— respondió mi madre con nula empatía o emoción por verlo—. Ya veo que has vuelto. ¿Qué quieres?

—¿Qué quiero? ¡Pues estar contigo! ¡Eres mi mujer! Seguimos casados hasta donde yo recuerdo.

—En realidad estás muerto. Con lo cual, yo sería una viuda. He seguido adelante, Federico.

—¿Ni siquiera has estado de luto?

—Lo estaré si me obligas a estar casada contigo otra vez. Además, ahora estoy con el Conde Nado.

—¿¿¿Con quién???

—Se refiere a mí— dijo un murciélago macarra que luego se transformó en un vampiro más macarra aún—. Soy su prometido.

—Vamos a ver, Nado— reclamó mi padre.

—Soy el CONDE Nado.

—¿Condenado por estar prometido a mi esposa? No lo dudo. ¡Pero fue mi condena primero!

—Mira, Federico— dijo mi madre cogiéndole el brazo al vampiro macarra—. Estás muerto. Y la vida eterna es algo que yo busco en un hombre.

—¡Yo también tengo vida eterna! Y puedo broncearme como momia si vamos a la playa. Dile a tu prometido que te lleve a tomar el sol y tu verano se reducirá a cenizas en cuestión de segundos.

—Por favor— enfatizó el Conde Nado—, no quiero entrometerme. En verdad solo quería chuparle la sangre a tu mujer, Federico.

—¿Por qué entonces has hecho todo este teatro? — respondió mi madre indignada y soltándole el brazo— ¡Por qué no me has chupado la sangre sin más!

—Me gusta jugar con mi comida.

—¡Sobre mi cadáver viviente! —gruñó mi padre.

Y aquí viene la parte surrealista. Mi padre mordía al vampiro a la misma vez que el vampiro mordía a mi madre. Y yo, mientras tanto, viviendo y coleando dentro de su vientre. Mucha gente creería que me transformaría en un Caminante Diurno al nacer. Pero no. Nací con atributos de vampiro y de zombi. Por eso me gusta la carne cruda y con mucha sangre.

CAMARERO—. Señor, solo le he preguntado en qué término quería su chuleta. Diga, “poco hecha” y ya está. ¡No me cuente su vida de Zompiro Origins!