734. POLÍTICA DE CANCELACIÓN
María Sáez Menéndez | Clarice W.

El viernes por la mañana no me encontraba bien y decidir cancelar el viaje a Madrid. En un descanso, con un cortado, revisé la política de cancelación. Podía anular la twin room hasta las 12 de la mañana y eran apenas las 11. Llamé para decir que no acudiría, pero me respondieron que yo ya estaba allí. Les expliqué que era imposible, que estaba trabajando a cuatrocientos kilómetros y que no me encontraba bien. No tendríamos ningún problema en cancelar su habitación si usted no estuviera aquí, me dijo. La persona que me hablaba, Néstor, me describió de una forma bastante precisa: eres una mujer bajita y morena. Parece razonable que sea yo, pero me encuentro en otro sitio, se lo aseguro, respondí. Néstor parecía interesado en aclarar la situación, así que me prometió que subiría a mi habitación a hablar conmigo o con la otra, lo mismo es. Al cabo de quince minutos, me dijo que en la habitación había un cartelito de no molestar y que, además de la política de cancelación, tenían también un gran respeto por la política de privacidad. Entendemos perfectamente que se sienta confundida, pero intente descansar y vuelva a llamar en un rato. Intenté concentrarme en la hora siguiente, pero me resultó difícil. Volví a salir del trabajo sobre las 12 y se puso al habla Darío. Ya Néstor me comentó la situación, me resulta fascinante, puede que usted se encuentre muy confundida. Menos mal que la twin room es un espacio privilegiado para el descanso. Sin duda se repondrá con el almuerzo oriental que acaba de solicitar. El té verde moruno y el hummus de zanahoria son sanadores. No puede ser, dije, yo no he pedido nada de eso. Ha sido la estúpida de mi hermana Marta, lo sé porque le apasiona el hummus de zanahoria. Usted se llama María, no Marta. Ya sé cómo me llamo y también sé cómo se llama ella. ¿Pueden decirle que se vaya? No osaríamos tratarle nunca de una manera tan ruda, ni a usted ni a su doble. Déjese reposar. Así podrá encontrarse a sí misma. Darío era muy amable y parecía conocerme muy bien, casi me creí que estaba en el hotel y que me llegaría de un momento a otro el almuerzo. Estoy haciendo una tesis sobre el tema del doppelgänger, ¿le importa que le haga algunas preguntas al salir del trabajo? Preguntó Darío. Intenté llamar a Marta, pero no me lo cogió, me envío un mensaje diciendo que me llamaría al salir del trabajo. Como no sabía si me decía la verdad, decidí ir a Madrid por la tarde. Cogí un tren carísimo y llegué cuando, justamente, claro, se acababa de marchar. En la habitación estaban los restos del hummus de zanahoria y me senté en la cama en el momento en que las luces nocturnas se encendían fuera de la twin room.