POR LOS PELOS
FRANÇOISE GALIBERT | Françoise

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Encontré ese lugar por Internet, como se encuentra todo hoy en día, y decidí probar suerte. Era la primera vez que acudía a este tipo de sitio y la verdad es que no sabía qué esperar. Al llegar allí, me llevaron al primer espacio. ¡Dios mío! Aquello estaba abarrotado, el ambiente era aparentemente muy festivo pero noté cierta tristeza en las miradas. Muchos intentaron llamar mi atención, viniendo hacia mí, cada uno esperando seguramente ser el elegido. Casi me voy corriendo pero entonces te vi.



Allí estabas, sentado, apartado del resto, como si todo aquello no fuera contigo. Me mirabas fijamente y enseguida supe que volverías conmigo a casa.



Alguien, no recuerdo quién, me dijo que te llamabas Archie; el nombre me hizo mucha gracia, me recordó aquellos dibujos animados que veía de pequeña. Eras como un imán, no podía apartar mis ojos de ti, ¡tu mirada era tan intensa que parecía que leyeras mi mente! En un momento dado, te levantaste, diste media vuelta y te fuiste en dirección opuesta a mí. Fui a buscarte y a partir de allí todo fue muy rápido. Saliste conmigo del recinto y te subiste al coche. No abrimos la boca en todo el trayecto. Antes de subir a casa, dimos un largo paseo. Teníamos que ir poco a poco, éramos dos extraños, nos teníamos que conocer pero, en realidad, ya supimos desde aquel momento que aquello iba a ser para siempre. Entraste en el piso con timidez, supongo que te preguntabas qué te ibas a encontrar; los primeros días te costaba salir, quizá porque tenías miedo de que te dijera que no volvieras. Pero no nos engañemos, enseguida te hiciste un hueco en el sofá, en la cama y en mi corazón.



Y así empezó nuestra andadura juntos. Nuestros viajes, nuestras charlas en las que yo hablaba y tú escuchabas, nuestras miradas cómplices, tu cara de “¡Ya se me ha vuelto loca!” cuando me ponía a bailar en medio del comedor porque sonaba una canción de los 80, nuestras siestas en el sofá. Pandemia, problemas económicos… Nada pudo con nosotros durante once años. Lo aguantaste todo: nunca un reproche, ni caras largas, ni mentiras. Solo amor.



Aquel 10 de septiembre de 2013, me dijeron en la Protectora de animales que tenía 15 días para devolverte si la convivencia no era buena, si no encajábamos. Yo, lo único que hice fue cambiarte el nombre de Archie por Bowie.