18. POR MI CULPA
Daniel Rodríguez Camacho | Daroca

Siempre me he considerado culpable de ser un buen hermano mayor, amable, solidario, atento… Afrontando mi vida de frente en solitario, cediendo mis cosas a mi hermano, eso sí, siempre en el momento adecuado, por ejemplo, a las dos horas de estar jugando conmigo con un mando desenchufado. Pero, sobre todo, ser una figura de autoridad por la que un mimado hermano pueda conseguir un valioso “no”, por respuesta. Pero por encima de todo, me considero un buen hermano por estar ahí en su peor momento.

Él estaba pasando una mala época, no me acuerdo exactamente del motivo, porque han pasado dos semanas desde entonces. La cosa es que estaba desbordado de su situación, por lo que yo me encargue mediante frases como: “¿Cómo vas con ese asunto?”, “¿Sigues llorando por las noches?” o “madura chico”, de mantenerle el recordatorio de su deplorable estado anímico, el seguro querría distraerse, pero era necesario que afrontara la situación. Fue duro repetirle los comentarios a cada hora, yo tenía también cosas que hacer.

Llego un momento en que mi hermano no pudo más, y tras dos días sin prácticamente salir de la cama se me acercó y me dijo: “Bro… ¿quizá debería buscar ayuda… profesional?”. Yo le aplaudí la decisión y le mostré mi apoyo pese a lo que tardó en tomarla. Pero al momento el muy idiota se empezó a achantar sobre si era un buen momento debido a la situación familiar, que si el paro de mi padre, que si el tema del abuelo, bla, bla, bla… En ese momento me puse serio, me acerque a él, puse mi mano en su hombro y le dije:” Tienes que tomártelo con calma, llevas días encerrado, sal a la calle, date una vuelta, ve a donde tengas que ir, airéate y piensa bien las cosas”. El me miro sonrió y antes de irse me dijo:” Iré a ver al abuelo”. Salió de casa, por fin salió de casa, ósea había quedado con una chavala en 20 minutos y empezaba a plantearme de mentirla sobre que estábamos solos en casa. Pero aquí no acaba la historia, porque luego mis padres se enteraron de lo de la chica y no les pareció bien que faltara al tanatorio de mi abuelo. Se pusieron como energúmenos así que por la noche salí a tomar algo con un amigo. Después de unas copas le acabe contando todo y el me ilumino con su respuesta:” Buah tío, has hecho algo muy valiente, has como focalizado toda la rabia de tus padres hacia ti, para que así tu hermano pudiese transmitirles tranquilo su situación, buah te has sacrificado tío”. Yo solo pude mirar en mi interior y ser lo más honesto posible al responderle “Pues si tío, así soy yo”.

Habían pasado muchas cosas, mis padres me culpaban de muchas otras, pero al final del día pude tener el orgullo para gritar al mundo bien alto: “! Mi hermano va a ir al psicólogo por mi culpa ¡”.