147. ¡POR MIS TACONES!
Sara Ossorio Folcrá | saraoss

Sí señores, es la fuerza del tacón. Comprobado está. ¡No lo he dicho yo!. Coger el par de tacones y retumbar todo en los salones. Ver el mundo asomada en los talones… por favor, ¡olviden rascacielos y escalones!. He aquí la herramienta para superar listones. ¿Vértigo? para nada, todo lo contrario. Autoestima guardada en el armario. Derroche de poder a 20 centímetros sobre la superficie del planeta.

Elegancia peligrosa. ¿Mujer en peligro? ¡No!, mujer en dominio. Habilidad, gracia y valor. Es lo que tiene agarrarse al tacón y controlar la situación, que todo se transforma alrededor. Cualidades que acompañan allí a lo alto, pues casi rozamos el sol. Desfile de glamour desata furor a nuestro paso. Equilibrio insospechado entre tacones desbordados. Habilidad innata que mujer de ayer, de hoy y de siempre ha heredado. Y mientras ¡que nos quiten lo bailado!. Esclava de los pies en desnivel, pero ya es parte de nuestra piel. Y cuanto más alto, deporte de riesgo demostrado. Asustando a la niebla avanzan marcando los pasos pero con los días lluviosos, ¡cuidado! mejor zapatillas, que sale más barato. Nuestros pies nos lo agradecerán, de aquí a largo plazo.

Dicen que increíble es aquello que no puede tocar el suelo, y yo con mis tacones alcanzo el cielo. Paso hacia atrás me hace tímida, callada y esquiva. Paso hacia adelante me hace segura, fuerte y agresiva. Sacaré mis tacones al amanecer, tacones desgastados de pasados agitados en largas noches de fiestas, cenas y caminos inexplorados. Me acompañan al salir de casa, crecer por fuera y por dentro en un momento, ¡qué alta estoy, que alta me siento! Pero al regresar, mi mundo es más pequeño, pues en una bolsa regresan y bailarinas me dejo.

Taconeo taconeo… cenizas al instante, liberando las malas energías que se esconden en el aire. Baile de ilusiones en tacones que guían mi camino hasta el fin de mis días. Tocaré la luna alzada en pedestales de autoestima. Tacones imposibles y labios carmín, caminando calle abajo manteniendo el equilibrio, he de admitir. Percepción de poder por todo lo alto. Burla a todo machista que nos llame débiles por reclamo, ¿pero no ven que elevadas en 20 centímetros batallamos?

Hoy, descubriendo el sol entre mis cortinas de colores, decidí que era buena idea calzar mis tacones. Entonces, sentada en el sofá y café en mano, vi mi reflejo en las puertas de cristal, que me estaba esperando. No misteriosa pero oculta, pues la chispa falta para ese toque de locura. Y pensando pensando… se alcanza la solución: quiero también tacones para el alma. Salir fuera sin miedo a nada, con aquel poder que el vestuario me manda. Quiero vivir la vida en la actitud de mis tacones. Trascender y elevarme sobre mi misma y mis ilusiones. Y cuando se acaba el camino y todos se han rendido al despertar del sonido, llega el precio de la fama, aquellas malditas rozaduras que siempre acompañan. Por eso digo aquello de presumir sí, pero con paciencia y calma.