666. POR SI LAS MOSCAS
JUAN ANTONIO TRILLO LOPEZ | SOLIPANDI

Sin saber cuándo ni cómo me vi en una oscura sala parecida a una iglesia, Desde un atril una mujer pronunció un nombre que retumbó entre las cuatro paredes.
-María Rodríguez.
Dos mujeres se levantaron dirigiéndose a la derecha del local, donde desparecieron tras atravesar una puerta. En ese instante reparé en un señor sentado a mi lado, tenía barba y gafas y portaba una gruesa carpeta. El tipo se giró y me susurró:
-Buenas, soy su abogado defensor.
-¿Cómo dice?, repliqué atónito, ¿me puede decir dónde demonios estoy?
El hombre esbozó una tímida sonrisa y me dijo:
-Verá, siento comunicárselo pero acaba usted de morir hace cinco minutos y ahora estamos en la antesala de su juicio final. Soy Ramírez, del bufete Ramírez y Antepasados.
-¿Pero qué clase de broma es esta?
-Entiendo sus recelos, créame, pero cuanto antes vayamos al grano, mucho mejor.
-¿Qué quiere decir?
-Mire, aquella puerta es la del tribunal donde se celebra el juicio final de todas las personas. El fiscal presenta un dossier con sus pecados y el abogado defensor debe rebatir esas acusaciones contraatacando con sus buenas acciones, ¿entiende? Luego, oídas las partes, San Pedro dicta sentencia contra la que no cabe recurso. Su descanso eterno depende de los próximos minutos.
-Pero… ¡Dios mío!… no entiendo nada.
-Tranquilícese, aquí tengo copia de su expediente y el purgatorio lo tiene garantizado.
-No me joda, ¿el purgatorio?, menudo coñazo, ¿no?
El paraíso va a estar complicado, le aconsejo que no se haga demasiadas ilusiones, además nos ha tocado como fiscal Villarejo, un auténtico perro de presa.
-¿Villarejo?, ¿no había otro?
-¿Lo conoce?
-Bueno… conozco uno y espero que no sea ese porque el tío maneja información por un tubo y seguro que me saca algún trapo sucio del que ni me acuerdo.
-Le advierto además que las cosas están ahora bastante chungas por aquí, se han montado varias orgías ilegales en el cielo y los de arriba se ha puesto serios para que aprieten las clavijas.
En eso, por otra puerta salió un hombre vestido de cura al que llevaban esposado dos diablillos.
-Fíjese, otro que ha resultado culpable, comentó Ramírez.
-¡Válgame el Señor, si es un cura!
-Para que vea, aquí no hay enchufismo que valga, me aseguró mientras el condenado pedía clemencia a grito pelado.
Por megafonía escuché mi nombre y quise levantarme pero mi cuerpo parecía estar petrificado. Con esa angustia desperté sobresaltado y sudoroso comprobando con alivio que seguía vivito y coleando.
Me santigüé a pesar de mi recalcitrante ateísmo y busqué desesperadamente el móvil. Entré en Google y tecleé UNICEF.
-Darse de alta como socio… Validar, 100€ al año bastará para empezar.
Luego, busqué GREENPEACE.
-Nuevo miembro… registrarse. Cargo en tarjeta, confirmar. Supongo que con dos ONG por ahora será suficiente.
-No va a pasar, pero… ¿y si en un hipotético juicio final necesito que mi abogado defensor presente pruebas de que he sido una buena persona? Es mejor tenerlo previsto, por si las moscas…