1554. POR SI LOS MEDIEVALES VUELVEN
Jesús Lemos Cárdenas | Lemo

Algunos siglos atrás, durante el medievo descubrieron un método infalible para arreglar las disputas jurídicas entre sus vecinos. En el caso de que no hubiera testigos desinteresados que arrojaran claridad al caso, hacían una prueba sagrada con el acusado para que fuera el mismísimo Dios quien emitiera un veredicto. Esta prueba era sencilla, consistía en llenar un caldero de agua, llevarla a punto de ebullición y colocar el brazo de la persona acusada dentro de él, como si de un espagueti se tratara. Si el acusado se quemaba el brazo era considerado culpable, y podía considerarse afortunado, porque en el supuesto de que no se quemase el brazo, lo hubiesen considerado un ser maligno. Un brujo tal vez y como tal, lo habrían incinerado vivo de cuerpo entero en una hoguera.
Fueron mil años terribles para la humanidad. Sobre todo para los que fueran tan aprensivos como yo. Querido lector, tendrá que perdonarme porque aún no me he presentado. Mi nombre es Jesús y si tuviera que definirme ante usted en pocas palabras, lo haría diciendo que soy un neurótico hipocondriaco con hemofobia severa. Este trastorno lo presenté desde bien chiquito cuando me desmayé al ver la aguja de la vacuna contra el tétanos. Lo anecdótico de aquello es que no era a mí, sino a mi hermano a quien habían ido a vacunar. No puedo evitarlo, visualizar este tipo de situaciones me afecta tanto como exponerme yo mismamente a ellas. Eso me recuerda que, durante mi adolescencia, una vez jugué a la botella y durante mi turno el lado del tapón fue a parar frente una de las chicas más guapas que jugaban. Ella era celíaca y como ya sospechan, yo no sabía nada y escasos minutos antes, había estado comiendo algunos aperitivos, digamos… prohibitivos para ella. Casi la mato. Yo estaba jugando a la botella en la víspera de mi primer beso y ella estaba jugando a la ruleta rusa. Fue una experiencia terriblemente traumática y aunque la muchacha discrepe, yo lo pasé bastante peor que ella. No trato de hacerme la víctima, en absoluto, pero a mí aquella noche me atendieron más sanitarios.
No le he contado este problema a muchas personas y esto se debe a que casi todos los adultos durante mi desarrollo, me alentaban diciéndome que esto era una tontería que superaría con la edad. Y no solo no lo he superado, sino que, además, mi situación ha empeorado considerablemente en la actualidad. Tampoco es que una pandemia ayude, pero es que hay demasiadas cosas que el niño que aún vive en mí no puede controlar. Y ahora que por fin empiezo a asomar la cabeza tras unos años difíciles, lo primero que veo es una guerra. Con lo cual, no me queda más remedio que suplicar encarecidamente a la sociedad un esfuerzo para que trate de evitar su propia extinción durante al menos un par de décadas (si no es mucho pedir), porque estoy capacitado para vivir de nuevo el medievo.