737. PRECISAMENTE
juan carlos palomo gamarra | Titopalomo

El loco Juan De la Cruz, en su manera peculiar de acariciarse pensativamente la barba y su forma de vestir, de etiqueta, denotaban a un hombre de una gran cultura y sapiencia. Él, tenía su tema, implícito en una sola palabra, que pronunciaba cada vez que alguien le preguntaba algo. Érase una vez que otro loco estaba de “visita” en el pueblo y subió al campanario de la iglesia cerrando la puerta por dentro. Agarró por darle a las campanas enloqueciendo con su desatinado sonido a la gente. Ni era el sonido que anunciaba alegría, ni la que anunciaba duelo. No encontraban los medios para bajar al loco. ¨Cojito¨, el celador de la iglesia, se desesperaba y andaba más loco que el loco. En eso apareció Juan De la Cruz. Meditabundo y paciente observaba a su ¨colega¨ en el campanario, quien desaforado golpeaba las campanas, gritando eufóricamente. Y ahí fue cuando Juan De la Cruz le dijo a ¨Cojito¨ que le buscara un serrucho. ¨Cojito¨, viendo su actitud tan serena, tranquila y calmada, sin pensarlo dos veces le consiguió el serrucho y se lo entregó. Juan De la Cruz tomó el serrucho y se lo enseñó al otro loco gritándole:¡Si no te bajas de ahí, voy a serruchar la torre para que te caigas!. El loco aterrado abrió la puerta del campanario, bajó volando y se perdió en la distancia. ¨Cojito¨ a todas estas, sorprendido de la eficiencia y eficacia de Juan De la Cruz y con la ligera sospecha de que los locos se identifican, se conocen y se entienden, le preguntó ¿Y cómo sabias tú lo que haría el loco? Con la única palabra con que concluía todo, y por la que se había ganado el apodo, Juan De la Cruz le respondió: ¡Precisamente!