PREMIUM
Helena Ortiz Gil | Tiburona

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Me llamó la atención su perfil en la aplicación de citas: su nombre “PREMIUM”, una única foto supuestamente romántica, más bien hortera, y una poesía que a mí me gustó mucho. Quizás por eso, rompiendo mi norma personal de “no foto visible, no like”, le di al corazón verde que inmediatamente se convirtió en match.

Las conversaciones siguientes fueron fluidas, divertidas y hasta… interesantes. Sin duda, su nombre era reflejo de su glamouroso tren de vida. Me dijo que tan pronto volviera del viaje internacional, quedaríamos para conocernos personalmente. Quizás por eso no me sorprendió cuando me dijo que había reservado en el exclusivo restaurante japonés ‘Koi No Yokan’, que además él había bromeado con la elección del sitio porque la traducción del nombre es el presentimiento de futura felicidad junto a dicha persona.

Había oído hablar del restaurante, un selecto Sushi bar, show cooking, de 2 estrellas michelín, y apenas 6 comensales en cada sesión. Según leí en su web, quieren combinar la excelencia de la alta cocina tradicional japonesa, con la demostración en directo de cómo se elaboran los delicados platos, para deleitarse con cada matiz, con cada ingrediente con cada textura, con cada sabor… pensé mucha poesía, muy chic, pero no sé si luego nos iremos a cenar unas bravas.

Los dos teníamos ganas de que finalmente llegara el día de nuestra primera cita física, y se notaba en la intensidad creciente de los mensajes que intercambiábamos… y finalmente llegó nuestra cita.

Le esperaba en la puerta del restaurante. Lo vi acercarse, era más alto de lo que me imaginaba, pero su elegancia era como la había visualizado. Tras el saludo inicial, donde se mezclaron nervios, cortesía, y humor, me dice… ¿te puedo dar un abrazo?, le contesto que sí; me sorprende, pero claro que sí. Y mientras me abarca con sus grandes brazos me susurra al oído: “eres de lo mejor de Tinder”. Sonrío, cierro lo ojos y me dejo llevar en el abrazo. En seguida, volvemos a la realidad: vamos a entrar, que en la reserva exigen puntualidad. Mientras vemos que otra pareja se nos ha adelantado en la puerta del restaurante.

Entramos, acompañados por una sumisa camarera geisha, que nos lleva hasta las únicas 2 sillas libres que quedaban en la mesa compartida de los 6 comensales, todos juntos para poder disfrutar del espectáculo de la cocina japonesa. Vamos a nuestros sitios indicados, la luz y la música son muy muy tenues, para acompañar a esta experiencia sensorial, cuando de repente: NO, NO PUEDE SER… me han asignado el sitio al lado de otro comensal que resulta ser mi ex. El cretino que me dejó repentinamente y de malas maneras por la muy Hy#@ Pu/@ que ahora se sienta a su lado.

Resistí mi ira hasta el famoso momento del showcooking de corte con los prestigiosos cuchillos japoneses; entonces me levanto bruscamente, le quito al cocinero el cuchillo más grande y… entonces me acordé de lo mucho que le gustaba Tarantino a mi ex.