PRIMER ENCUENTRO CON LA MUERTE
SONIA FUNES MONZONIS | ALICIA HUBERMAN

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Mi mama me llevaba al colegio todas las mañanas, era puntual y salíamos pronto de casa para hacer un grato paseo. El recorrido era agradable, aunque el ultimo tramo era empinado, se me hacia algo pesado e intentaba distraerme hablando con mama o jugando al Veo Veo con ella.



Era frecuente encontrarme con Paulita y su hermanito que solían ir escoltados por su abuela, una señora mayor, de pelo gris, y vestida en tonos oscuros, tristes. Teníamos cinco años, la recuerdo callada, contenida, y una mirada muy triste, pero creo que lo pasaba bien cuando charlábamos.

Una mañana, mama estaba hablando con la abuela, de repente exclamó ¡Dios mio, que desgracia¡.

Aquello era una novedad para mi y puse mi orejita en la conversación. ¡Paulita no tenia mama¡, la muerte se la había llevado poco después de nacer su hermanito, había muerto de…. no lo entendí, pero, ¿eso era posible? pensé contrariada, ¿como no podía tener una mama? Entonces, ¿a quien preguntaba cuando tenia dudas?, ¿quien le hacia la merienda?, ¿y las patatas fritas?, ¿y la ropa?, ¿quien le hacia los vestidos? .



Urgente, necesitaba urgentemente hablar, preguntar, saber quien demonio era aquella señora llamada Muerte, que se llevaba a las mamas, ¿y si se llevaba a la mía? Igual le caía simpática y se la llevaba, pero esta señora, ¿avisaba? Pero… un momento, si se la lleva ¿cuando me la devuelve?, ¿por que no le devuelve a Paulita su mama ? Aquello era muy extraño.

Me quedaba a comer en el colegio, la opción de resolver mis dudas al mediodía no era posible, y pase todo el día pensando en la Muerte, alta y rubia, llamando a la puerta de casa.

– Buenos días, vengo a llevarme a tu mama

Muy bien, pensaba yo, pero vamos a ver, ¿cuando piensas devolvérmela?, anda lista, ¿por que no me contestas?

Ahí estaba la clave , seguro que habría alguna manera de devolver las mamas. ¡Tenia que devolver la mama de Paulita¡ ¡Ya¡.

No eran muy tranquilizadoras mis reflexiones y en cuanto llegue a casa dispare toda la batería de preguntas.



Mama creo que estaba en estado de shock pensando en la pobre Paulita, era muy sentida para esas cosas y y tras su respuesta, perdí las ganas de preguntar más.



– La vida y la muerte están indisolublemente unidas. Tu solo tienes que portarte bien con Paulita, ser su amiga y estar atenta por si necesita algo, en ese caso me lo dices.



¿Que podía necesitar Paulita? ¿Juguetes? ¿Chuches ?. Solo a su mama, ¿como devolvérsela?

Aquella respuesta no me conformo, me dejo aun más intrigada, aunque era cuestión de tiempo, huelga decir que años mas tarde la entendí perfectamente, yo también perdí a mi mama.