PRIMER Y ÚLTIMO ADIÓN
Antonio Sánchez Martín | DANTE KUERDA

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Desde la primera mirada, ya te deseaba. Desde el primer beso ya te amaba. Desde el último adiós no dejaré de hacerlo. Como todos los amores inacabados.

Ayer pasé por tu casa, y te mandé una foto para decirte estoy por aquí, sucumbiendo a los cimbreos de mi estómago cada vez que paso por tu calle, que son siete u ocho veces al mes, esperando una respuesta que siempre es nerviosa y forzada, cediendo al impulso natural de volver a verte aunque me vacíe, aunque me duela.

Me quise para ti desde el primer segundo que te abracé, porque algo irracional me empujaba a ti, no existía más razón, como siempre que manda el corazón.

El primer mes fue una locura. Ya sabíamos que eso tendría un final. No nos conocíamos, pero los dos queríamos que aquello fuera lo que más deseábamos que fuera.

El segundo mes dejamos de disimular, y ya éramos lo que no queríamos que fuera. A las doce semanas dudabas de quien yo era, por ser lo que tu querías que fuera.

Y en un día nos lo cargamos, haciendo demasiado poco ruido y quizá demasiado pronto, civilizados, sin tormenta, y no destruimos nada, por eso sigo mirando a tu balcón cada vez que paso por tu portal de vida moderna.

Me quise para mí cuando te vi dudar. Cuando aquella risa de gas nervioso aparecía en tu mirada…esa mirada que hablaba, que decía esto no me cuadra. Fue ahí cuando vi que yo no era para ti, aunque cada segundo que vivía contigo era único, perfecto, maravilloso.

Diste un leve paso atrás, y yo di seis. Al día siguiente ya nada era igual, por eso me fui. Durante unos meses te buscaba como un yonki, con cualquier excusa para comprobar que eras tan egoísta como yo lo era, pero también lo que más detestaba en alguien que yo amara. Cobarde. Y ni mentiras ni trincheras me van a atar ya. Ya viví eso. Me fui, mirando tu balcón. Sin querer irme.

Así que, mi amor, una vez más, respondes a mi llamada, esa que tú nunca haces en tu huida hacia adelante. Piérdete en tus noches locas, vive en tus pasiones pasajeras, y con todo mi deseo de este amor sincero, muérete en mí por dentro la próxima vez que pase por tu calle y no sienta este cimbreo en mi estómago, deseando un segundo más contigo, como cuando éramos lo que queríamos que fuera. Como fuimos uno en algún abrazo, en algún orgasmo.

Adiós…otra vez.