PRIMERA CITA (BIS)
Sílvia Vilacoba Canal | Lady Paula

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Me visto, un tanto nervioso, para la ocasión, y pienso que no puedo haber escogido un lugar tan especial y perfecto. De hecho, ha ocupado mis pensamientos estos últimos días en que se han acabado por detener las trémulas horas, al igual que se me han adormecido mis recuerdos, cuando me dijiste que, estabas huérfana de flores y fragancias; que me querías un montón, pero se había desvanecido aquella pasión, fueron exactamente tus palabras, aquellos cohetes y aquellas chispas en nuestra relación y que hacía tiempo permanecías suspendida en el aire de la melancolía.

No en balde, hacía quince años que estábamos juntos, pensé triste, mientras abrías el grifo de tu corazón y de cómo la vida había ido goteando, lenta e irreversiblemente, sin detenerse.



Pobre de mí, no me he dado tan siquiera cuenta de esos pequeños surcos en la piel que con el tiempo se convierten en grietas, que están aquí serpenteando por sobrevivir y tan siquiera dejar de imaginar riachuelos truncados a su paso.

Mi suerte, nuestra suerte, es que siempre hemos encontrado en el cobijo de las palabras, la posibilidad de hablarlo y poder reconducir estos pequeños afluentes y humedales que han aparecido a lo largo de la vida.



El sonido de la campana sobre la puerta resuena cuando entro, y me encuentro con tu mirada expectante, al fondo, en el rincón. Nuestro primer cálido y amante rincón. Con un gesto tímido me acerco y tomo asiento enfrente de ti. Así, lo hemos convenido, que sea como la primera vez, en el mismo establecimiento.

El nerviosismo del ambiente pronto se llena de risas cómplices y miradas que hablan el lenguaje propio de los adolescentes que fuimos.

Te admiro, de nuevo, con ojos de galán y me reencuentro con ese antiguo y delicado tesoro, mientras me dejo seducir por la magia de este momento y de este fugaz silencio que me guarece, y no pudo evitar tomar tu mano con suavidad. Un simple y tierno gesto sella la complicidad de esta mágica velada.

El camarero, testigo silencio de esta danza verbal, nos sirve los diferentes platos y el aroma se va mezclando con la atmósfera cargada de expectación e ilusión.

Juntos, recordamos conversaciones e instantes atrapados en el fondo de nuestros corazones, mientras nos empujan a observar profundo y hablar sin miedo, para continuar soñando despiertos, construyendo un nuevo universo lleno de nuevos anhelos y fantasías por propulsar, y delicadas fragancias por oler y saborear.

Al salir, el mundo exterior está envuelto en una bruma de posibilidades y bajo la luz de la luna nuestros corazones laten al unísono.

Regresamos juntos y abrazados, emprendiendo el cauce cincelado de un pequeño surco; conscientes de la apertura de un nuevo caudal que promete aventuras, risas y sobre todo amor. La primera cita (bis) ha sido no solo un reencuentro de almas, sino de dos riachuelos, que unen de nuevo su caudal, para erigir el río de nuestra existencia.