PRIMERA CITA CON MI BODA
Teresa Llumà Llucià | Sílvia

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Había una suave brisa. La hilera de antorchas a lado i lado del camino de arena, el altar florido, las sillas forradas blancas con un lazo rosa detrás, puesta en hileras, diez por diez. La arena brillaba con la luz del sol escondiéndose. Se veían camareros llevando algunas botellas de champán y el maître revisando que todo estuviera impecable.

En un lado, muy cerca del sitio donde se pondrían los novios para decir Sí quiero había cuatro instrumentos: teclado, contrabajo, batería y saxo.

Al cabo de unos minutos van llegando invitados vestidos de blanco que van aposentándose. Se oyen susurros que apagan el sonido del mar, hasta ahora tranquilo.

Llegan unos pasos pequeños y rápidos, el capellán tiene el tiempo justo para ponerse la casulla y situarse en el sitio donde oficiará la ceremonia.

Entretanto los músicos vestidos de negro escarabajo dejan los vasos de cerveza vacíos al lado de la piscina, cogen los instrumentos y preparan las partituras. Las van poniendo en el atril junto con una aguja porque la brisa suave parece que se está convirtiendo en viento. Son tres hombres y una mujer que dirige el grupo, toca el saxo y también canta. El batería queda escondido, se ve muy poco, el que toca el teclado, despeinado, se dobla y se dobla, no mira a ninguna parte, sólo a las teclas, y el contrabajo está a la punta de todos ellos. Es tan alto cómo su instrumento y lo coge cómo el abrazo a una mujer. Los movimientos suaves quieren seducir a los invitados mientras esperan la llegada del novio que llega del brazo de su madre y se sitúa allí donde le han dicho, delante del altar. La novia viene en velero adornado para la ocasión, flores blancas y pequeños faroles rosados. Baja, anda por la arena y ya está al lado del novio.

Suena la canción de Mamie Smith, Crazy Blues, al terminarse la brisa se convierte en ventolera y la partitura del contrabajo vuela a los pies de la novia, él corre a cogerla y cuando levanta los ojos se encuentran, unos y otros. La ceremonia continua mientras la novia mira y mira los movimientos suaves de los dedos que se pasean por el instrumento.

El capellán termina y novios y invitados atraviesan la piscina para ir al banquete cuando desde la barca se lanzan fuegos artificiales que iluminan la oscuridad del cielo, todos se giran y mirando al cielo se oye ohhhhhhh.

La novia, en un momento de la celebración va al lavabo, pasa por donde los músicos habían dejado sus pertenencias. El contrabajista esta poniendo la funda al contrabajo que deja en el suelo al ver a la novia. Ella le coge las manos y las dirige a su cintura, ahora ella es su instrumento.