PRIMERA CITA EN CUATRO TIEMPOS
Ana Diego Martin | anadiegom

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Allegro

Aún recuerdo el cosquilleo en el metro camino de mi primera cita con Damián.

Llevábamos meses cruzando miradas y hablando con los ojos sin apenas intercambiar palabras. Un día Damian me dejó una nota con una dirección y una hora. Ese gesto de valentía me sedujo profundamente pero también me redujo a un manojo de nervios. Aun así, decidí acudir a la cita desde la inconsciencia de mis veinte años.

Esperé a Damián mascando inseguridades. Y por fin llegó él. Nervioso también, las manos en los bolsillos y la misma mirada penetrante. Poco a poco fueron bajando mis defensas y me sentí exactamente en el lugar donde quería estar. Es como hubiera estado corriendo mucho tiempo y por fin había llegado el momento de parar.

Ese fue el primer día de los diez años siguientes que continuamos juntos.

Adaggio

Tras la ruptura con Damian vinieron unos años frenéticos, la vida se volvió intensa y en ocasiones áspera. Pero no quería perderme nada y a mis treintaymuchos comencé ese proceso agotador de conocer gente nueva.

Ni siquiera estaba nerviosa el día que conocí a Roberto, lo que sentía en el estómago no eran mariposas precisamente, sino más bien hambre. Pero aun así me preguntaba cómo iría la cita. ¿Y si la que no estaba a la altura era yo?

La historia tuvo la suficiente continuidad en el tiempo como para recordarla con cariño. Pero lo que realmente me sucedió aquel día es que gané en seguridad y aplomo y si lo pienso ahora, con la que realmente tuve la cita aquel día fue conmigo misma.

Minuetto

¿Quién me mandaría a mi meterme en estos líos a estas alturas de mi vida? ¿acaso no he aprendido a estar tranquila a mis 59 años? Esto es lo que me preguntaba camino de mi cita con Manu. Había ganado muchas batallas conmigo misma, pero aún tenía curiosidad por lo que podría depararme la vida. Hacía tiempo que estaba lejos de ser joven pero paradójicamente me sentía en el mejor momento de mi vida.

Manu me esperaba. Tenía los ojos despiertos y la sonrisa amplia. Fijó la mirada en mi y nos entendimos rápidamente. Habíamos vivido lo suficiente y no estábamos para perder el tiempo en sutilezas. Sentía que me había desprendido del juego de espejos de las inseguridades y me lancé a la cita sin prejuicios. Fue una de las mejores de mi vida.

Rondó

Hoy cumplo 75 años y mi amiga Carmen me ha engañado para ir a una cita doble con dos vejestorios. ¿Será posible que aún pueda enamorarme? Me da la risa solo de pensarlo. Lo único que quieren estos señores es alguien que les haga la comida, pues van listos conmigo.

Llegamos. ¿Qué es lo que veo en la última mesa? ¿Ha venido Paul Newman a la cita? Carmen pone los ojos en blanco porque sabe que no tengo remedio. Hoy vuelvo a empezar. Esta es mi primera cita.