Primera última vez
Patricia Esteban Erlés | Daphnedududú

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Solíamos hacerlo todo por primera vez siempre que podíamos. Éramos así, eternos principiantes. Quedamos seis primeras veces para conocernos y cada cita nos salía mejor, tartamudeábamos o enrojecíamos con virtuosismo de novatos. Ensayábamos temas de conversación adecuados y practicamos nuestra cara de asombro genuino hasta que nos quedó perfecta.

Nos dijimos “te quiero” por primera vez al unísono después de equivocarnos en la elección del lugar varias ocasiones. No funcionó en el portal de mi casa, ni durante un paseo por una playa de arena de diseño, ni…Pero cuando menos esperábamos, sin más, nos salió de pronto, de algún lugar muy profundo, después de brindar en un restaurante con una copa del vino más verdaderamente rojo que habíamos bebido nunca. Estábamos perplejos porque no esperábamos que la mejor toma de nuestra relación respondiera a un impulso y no precisara de esfuerzo y dedicación total. Nos echamos a reír y nos quisimos mucho. Nos dejamos llevar. Está mal que yo lo diga, pero se nos daba de miedo. Era emocionante, era una aventura inventarle al otro un nombre secreto, suyo y solo suyo, por primera vez. Dejar un tímido cepillo de dientes en el vaso del otro, por primera vez. Viajar a lugares que antes eran solo nuestros respectivos sueños remotos, mapas fabulados, por primera vez. Cocinar platos incomibles y morirnos de la risa por primera vez.

Cogimos carrerilla. Por eso nos salió tan bien lo de llorar juntos al recibir la peor de las noticias posibles, bajo la lluvia más verdaderamente lluvia que nos había caído encima, por primera vez.

Y ahora que vuelvo a nuestra casa y me dispongo a abrir la puerta yo sola, pruebo a meter la llave en la cerradura. Finjo que no encaja. Pruebo la segunda, la tercera del manojo. Meticulosa, lo intento con todas. Con todas menos con la adecuada, claro está, como si practicara un extraño ejercicio sin solución. Y así paso un buen rato, de pie en el rellano, resistiéndome con todas mis fuerzas a que esta también sea, a su manera, una maldita primera vez.