Primera vez
JUAN MANUEL ARCE GIL | Mel

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Tenia 15 años y no había estado íntimamente con mujer alguna . Aquel verano, me encontraba en Lima, disfrutando de mis vacaciones escolares. Mi primo Juan, un tipo que me doblaba la edad, baja estatura y amante de las motocicletas, me pidió que lo acompañara al centro de la ciudad, para que conozca algunos lugares y no le resulte aburrida la travesía. Después de un sinnúmero de trámites, en donde descubrí que mi papel era ser el cuidador de la moto, terminó su trabajo rayando las 7 pm. Al verme hambriento, solo comí unas galletas y una coca cola, me dijo que cenaríamos

como reyes. Después de esquivar a los vendedores ambulantes, vehículos y perros; llegamos a una calle sin asfalto con huecos, fachadas despintadas y varones caminando apresurados hacia un portón metálico oxidado, con dos tenues faroles en la entrada, cómplices del anonimato de aquellos que ingresaban a lavelocidad de un rayo.

Después de estacionar la moto, mi primo al ver mi cara de desconcierto, me abrazó ÿ con voz paternal, dijo:

– Es La Nene, es un burdel. Ya tienes edad para debutar, de lo contrario seguirás llenándote de acné, ¿o no quieres?

Solo asentí, no dije nada. Trataba de sonreír para ocultar mi nerviosismo que era evidente.

Juan habló con dos tipos en la puerta, gritó mi nombre y me hizo señales para que me acercara. Al hacerlo, me tomaron ambos de un brazo, llevándome en vilo, hacia un cuarto, entrando sin tocar y dejándome parado frente a una mujer en tanga negra y bata transparente, dejando descubierta una pierna, pero cubriéndome el vientre.

– Son 30 soles, me dijeron que eres primerizo – dijo dándome la espalda, dejándome ver sus enormes glúteos y su quebrada figura,

No dije nada, me apresuré a buscar el billete de 50 soles, que colocó en el bolsillo de mi camisa, Juan,

– Pon tus cosas en el perchero, no demores, chiquillo-dijo con melodiosa voz.

Así lo hice, desnudo frente a ella, trataba de no mirarla, mientras en su pequeño radio despertador, soñaba la canción Camionero de Roberto Carlos.

Se paró de la silla para acercarse, al hacerlo, la bata se abrió dejando al descubierto su vientre, cercano al ombligo tenía una burda cicatriz, en forma de espada pirata. El impacto visual fue fulminante y devastador, quedé paralizado y sin reacción alguna. Fue de tal magnitud que, sus caricias y buenas intenciones, no hacían ningún efecto en mi cuerpo, estaba totalmente bloqueado.

Ensayé una salida a tan incómoda situación, asumiendo que era mi segunda vez, y al querer volver a experimentar, ĺo hice sin pausa, de inmediato.

Ella corroboró mi erróneo proceder,y me aconsejó que me diera una vuelta, conozca el lugar y retorne en una hora como mínimo. Me vestí más rápido de lo que me desvestí, y me despedí hasta más tarde, prometiendo volver, algo que no hice, ni siquiera los 20 soles del vuelto, lograron que cambie de opinión. En el viaje de retorno, mi primo respetó mi silencio, fue un gran alivio.