PRIMERA… Y ÚLTIMA CITA.
Cynthia Hidalgo Constantino | Animita

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Aquel atractivo vendedor la miraba desde el otro lado de la mesa, los ojos brillantes por el vino y la sonrisa traviesa de quien se sabe ganador, mientras relataba en un tono más que pretencioso las lindezas del aspirador que solía vender, como él decía, a las marujas frustradas cansadas de su vida.

Ella también sonreía, mientras se limpiaba en el delantal los restos de las galletas que le acababa de hornear y decidía en qué momento debía contarle que era por tipos como él por lo que se había convertido en asesina en serie.