Primero y único
Javier González Ogando | JOgando

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Primero y único

Aunque siento casi vergüenza por ello, podría decirse que soy el clásico admirador secreto. Llevaba mucho tiempo observándote discretamente, estudiando tus actuaciones, tu manera de actuar y el efecto de esas actuaciones en todos aquellos que te ven o que te conocen. Me llamaron la atención los muchos misterios que te rodean y ese grandilocuente silencio tras tu nombre y desde entonces llevo fascinado por ti. Poco a poco fui obsesionándome, y llegué a necesitar, casi enfermizamente, conocerte, es más, en más de una ocasión especulé con la idea de salirte al paso, pero además de que hubiera sido una idea absurda, nunca llegué a encontrar suficiente valor. Y ahora, por fin, aquí me encuentro, nervioso como un colegial, sabiendo que eres tú la que viene a verme, que eres tú la que se interesa por mí y que estás a punto de llegar. De hecho, ya debes estar al otro lado de la puerta de mi habitación y en cualquier momento voy a verte, porque el monitor acaba de abandonar su repetitiva cadencia y un pitido ininterrumpido me anuncia por fin tu hermosa y lúgubre presencia.