PRINCESAS
Beatriz Arberas Sánchez | Beutxi

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Dejo las muletas a un lado y cuando deshago el lazo, un par de zapatos relucientes me felicita el aniversario. Como cada año, el detallista de mi marido encuentra el modo de homenajear el inicio de nuestra historia.

Cierro los ojos con fuerza y vuelvo a sentir aquellos nervios que cosquilleaban mi tripa, el miedo a no lograr llegar a tiempo, a no conseguir un atuendo adecuado, resultaba casi imposible conseguir un vestido digno tras varias horas seguidas de trabajo incansable.

Finalmente, como por arte de magia entraba radiante al baile, ese que su padre había organizado para él. El temblor de mis piernas se camufló tras la emoción de las primeras veces que bailaba conmigo. Al sentir que el interés era mutuo, lejos de calmarme, me sorprendí escapando de sus brazos.

Las campanas de la iglesia tocan las 12.00h devolviéndome a la realidad, el mismo sonido de entonces me recuerda que hoy no puedo caminar sola. La premura por salir de allí, la pérdida del zapato y la posterior caída por la escalinata me ataron a estas muletas de por vida.

Con la escalinata aún bajando por mis recuerdos agradezco el regalo, sonrío tristemente y saco los zapatos de su envoltorio. Algo se remueve en mi interior e instintivamente acaricio mi vientre, a pesar de que este par de zapatitos no son de cristal, estoy segura de que le quedarán genial a nuestra pequeña.