905. PROBLEMA A LA VISTA
ÁNGEL R. BARRIOS RODRÍGUEZ | RAFAEL BONAMASSA

La furgoneta aparcó marcha atrás a la misma puerta de la Secretaría de Estado. El vigilante reculó con torpeza, pero salvó la vida. Apresurados, cruzaron la calle los representantes de la Federación de Ópticos. Él llevaba una montura de pasta gruesa y ella unos finos anteojos de metal dorado. Se disponían a entregar tres millones de firmas solicitando incluir el Día Internacional de las Personas con Gafas de Ver en el calendario oficial. La prensa, que esperaba expectante, difundió las imágenes del posado junto a las cajas.
—¿Nos hemos vuelto locos? —Preguntó el Secretario—. No pienso llevar esto al Ministerio. Ni pensarlo —dijo al ver la pila de cajas escoltada por varios bedeles.
—Es un clamor, señor. La voz de la calle. Según las encuestas estamos hablando de la segunda preocupación ciudadana —aclaró una asesora.
Intrigado, preguntó el Secretario por la primera. «La baja calidad de las empanadas, en general», le comunicaron. Reflexionó unos segundos sobre la buena situación de la que parecía disfrutar el país y, satisfecho, marcó el número del Ministerio.
Los informativos pre calentaron el Consejo de Ministros. Se aplazó el asunto de las empanadas y su alarmante disminución de calidad para el Debate sobre el Estado de la Nación. Lo urgente era solucionar el problema de los usuarios de gafas graduadas.
Se discutió con vehemencia sobre la presbicia o el ojo vago. ¿Se incluirían las gafas de farmacia para lectura? ¿Y las de bucear? Eso no era posible, los ópticos federados eran un enemigo temible, ya habían hecho caer a más de un gobierno occidental. Eso sí, las progresivas estaban fuera de duda. El grupo más ruidoso, la Asociación de Miopes del Noroeste, quería declararlo festivo a toda costa y eso eran palabras mayores para la Patronal. Habría que andarse con mucho ojo.
¿Qué reivindicaba esta gente? ¿Sufrían algún tipo de discriminación? ¿Acaso las personas de gafas de ver eran el objetivo de algún grupo radical y descontrolado? El presidente acalló el alboroto con un gesto discreto y eficaz.
—No tenemos opción. Por la razón que sea las personas con gafas de ver tienen problemas, y eso se va a terminar. Real Decreto —ordenó.
—Puede que no se sea el mejor camino, Señor. Permítame —El Ministro de Derechos Sociales se detuvo ante la palma de la mano del presidente.
—No estoy dispuesto a que ardan las calles por unas dioptrías.
—¡Señor! —Levantó la mano la Ministra del Interior—. Los nacionalistas quieren ampliar el espectro de casos.
El presidente, se frotó la mandíbula y miró por la ventana unos segundos.
—Incluiremos las gafas de sol graduadas y los monóculos. Nada de lentillas, no quiero agravios comparativos—. Zanjó.