835. PROPÓSITOS
Juan García Quirós | Emir Sinclair

Hoy será un día nuevo para mí, ¡qué digo un día!, ¡hoy comienza mi nueva vida!… Antes de levantarme de esta cama tan calentita y algodonada que me sostiene, plantearé nuevamente cómo se desarrollará mi jornada; veamos: Ahora saldré de debajo de las mantas, me vestiré con ropa cómoda, correré y haré algo de ejercicio, volveré a casa, desayunaré ligero, dedicaré tiempo a la lectura, a pensar, a la música y, en definitiva, a mí. ¡Ah!, y no fumaré ni una sola calada, ni beberé un solo trago. ¿No os parece buen plan?, claro que sí. Y de ese modo se sucederán el resto de los días de esta, mi nueva vida. De momento, me levantaré para correr, el sol ya está pegándome en la cara, a través de la ventana de mi habitación.

Me levanto de la cama para correr, y es precisamente lo que hago, correr las cortinas, y vuelvo a acostarme, con el dormitorio nuevamente a oscuras. Bueno, poco a poco –me digo-, la cama se muestra tan tentadora… En cierta manera, ya he cumplido el primer punto, he corrido las cortinas; dije que me levantaría a correr, pero no especifiqué nada más… Ah sí, lo del ejercicio… se pueden contar como dos las abdominales que he hecho para incorporarme y volverme a acostar ¡Otro punto tachado!… También me he levantado, para ir hasta la ventana, y me he vestido con ropa cómoda, pues mi pijama es la prenda más confortable y que mejor se adapta a mi piel de las que conozco.

Al cabo de un rato me salgo de la cama y camino a paso lento hasta la nevera, me preparo un buen mollete con manteca colorada, y me lo zampo de un bocado. He tardado poco –pienso-, a esto sí que se le puede llamar comer ligero. Al final, más o menos, voy salvando el día y cumpliendo mis propósitos. Me merezco un cigarrito……

Me tumbo en el sofá y enciendo la televisión, gracias a este bendito aparato puedo leer y escuchar música al mismo tiempo, además de entretenerme, ¿no es genial?… ¿Qué?… Ah, lo de pensar… ¿Acaso no estamos haciéndolo ahora?… Sí, así voy bien… ¿Y si me fumo otro cigarro?…

Al final del día me sincero conmigo, pues, además de haberme fumado media cajetilla, no he cumplido los objetivos que me había impuesto anoche en la cama; debo reconocerlo.

Me inundan sentimientos de pena y miseria existencial, para quedarme dormido me hinco una botella de bourbon.

Cuando me acuesto todo me da vueltas, me prometo a mi mismo que mañana cambiaré, y será entonces el primer día de mi nueva vida.