990. PUERTO DE MALTA.
ALBERTO VAZQUEZ GAITAN | GUAU

AQUELLA NOCHE, EL JOVEN MARINERO ALBER MONTARÍA GUARDIA SOBRE LA CUBIERTA DEL BUQUE, ARMADO CON SU FUSIL, VIGILANDO QUE NADA ANÓMALO PUSIESE EN RIESGO NI LA INTEGRIDAD NI LA SEGURIDAD DE AQUELLA VETUSTA UNIDAD DE LA ARMADA ESPAÑOLA, LA FRAGATA TERMANCIA, QUE HACÍA ESCALA EN EL PUERTO DE LA VALETA, CAPITAL DE MALTA.
AQUÍ Y ALLÁ, RODEABAN A LA FRAGATA ALGUNOS YATES DONDE REINABA LA MÚSICA Y LA FIESTA. PERO SU TRISTE REALIDAD PASABA POR TENER QUE IRSE PRONTO A DORMIR PARA ESTAR SERENO A LAS CUATRO DE LA MADRUGADA, LA HORA EN LA QUE LE TOCABA HACER SU RONDA, MIENTRAS EN EL PUERTO SUS COMPAÑEROS DE NAVEGACIÓN SE DIVERTÍAN.
TRAS UNA DUCHA RÁPIDA, ALBER SE DESPOJÓ DE SU UNIFORME PARA VESTIRSE CON SU PIJAMA, NO TARDANDO EN ESTAR RONCANDO SOBRE EL COLCHÓN DENTRO DEL INCÓMODO NICHO QUE HACÍA LAS VECES DE CAMA. UN PROFUNDO SUEÑO LE HIZO OLVIDAR POR ALGUNAS HORAS SU CASTRENSE REALIDAD.
DEBÍAN QUEDAR QUIZÁS TREINTA MINUTOS PARA LAS CUATRO DE LA MAÑANA, LA HORA EN QUE DEBÍA SUBIR A LA CUBIERTA A CUBRIR SU PUESTO DE GUARDIA. UN PROFUNDO Y NAUSEABUNDO HEDOR INUNDABA TODA LA ESTANCIA, NO TARDANDO EL MARINERO ALBER EN SALIR DE SU CAMA PARA VER QUÉ PASABA.

– MARINERO ALBER -DIJO EL CABO DE GUARDIA ASOMANDO SU CABEZA POR LA PUERTA DEL SOLLADO DE MARINEROS-. ¿DE DONDE VIENE ESE OLOR?
– ME TEMO QUE SE HABRÁ ROTO EL BAJANTE DEL BAÑO, MI CABO -DIJO ALBER ENCENDIENDO LA LUZ, COMPROBANDO QUE EN SUELO DEL SOLLADO LUCÍA UN REDONDEADO EXCREMENTO RECIÉN PLANTADO.
– ME TEMO QUE NO HA SIDO EL BAJANTE -REÍA EL CABO.

ALBER COMENZÓ A VESTIRSE CON SU UNIFORME, MIENTRAS EL CABO BUSCABA EN LAS DUCHAS AL AUTOR DE TAN ABSTRACTA Y REPUGNANTE OBRA DE ARTE, QUE DEAMBULABA POR EL CUARTO DE BAÑO NO LOGRANDO MANTENERSE EN PIE, EBRIO TRAS CONSUMIR UNA CANTIDAD DE ALCOHOL CONSIDERABLE.

– ENTIENDO QUE RECOGERÁS ESO -LE DIJO EL CABO.
– SI, MI CABO, AHORA MISMO -ASINTIÓ AVERGONZADO EL MARINERO, LUCHANDO POR NO CAERSE EN LA DUCHA.

ALBER ENTRÓ DE NUEVO EN EL SOLLADO ANTES DE SUBIR A SU PUESTO DE GUARDIA, ENCONTRÁNDOSE A SU COMPAÑERO CON LA FREGONA EN LA MANO, EXTENDIENDO POR EL SUELO LA MARRÓN MATERIA FECAL, PROVOCANDO QUE EL HEDOR SOBREPASASE LA BARRERA DE LO INFERNAL.

– CASILLAS -GRITABA EL EBRIO MARINERO A UN COMPAÑERO QUE DORMÍA EN OTRO DE AQUELLOS NICHOS, A ESCASOS CENTÍMETROS DEL SUELO DONDE MINUTOS ANTES SE ERIGÍA TAN ABYECTO MONUMENTO ESCATOLÓGICO-. TE HAN DEJADO UN REGALITO.
– ¿QUÉ DICES? -DECÍA CASILLAS ASOMÁNDOSE DESDE SU CAMA, PERCIBIENDO EL PÚTRIDO AROMA QUE EXPELÍA AQUELLA MASA ASQUEROSA QUE SU COMPAÑERO EXTENDÍA POR EL SUELO-. ¡QUE PESTE!
– TE HAN DEJADO UN TRUÑO -REÍA EL EBRIO MARINERO.
– ME CAGO EN LOS %&$% DE %&$% -BLASFEMABA CASILLAS-. ¡QUÉ ASCO! -MALDECÍA MIENTRAS CERRABA LA CORTINA DE SU CAMA.

Y FUE ASÍ, COMO EN LA VALETA, EL MARINERO SE FUE DE VARETA DEJANDO, DESDE EL FONDO DE SUS ENTRAÑAS, TAN HEDIONDO OBSEQUIO.