PULGARAMA
Jon Sánchez Carrasco | _K_

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Ya está todo listo. Bajo el radiante sol, el coliseo bulle ante la inminencia de este grandioso espectáculo. Será la primera vez para las miles de espectadoras y espectadores que se han reunido esta tarde. Y también lo será para todas las personas, que desde sus casas, miran con fervor la pantalla. Y por supuesto, también será la primera vez para sus dos intrépidos protagonistas.



Protagonistas que, por cierto, ya están recorriendo la arena. ¡Sí! Ahí están. Con semblante tranquilo y confiado. Y esa dignidad que transmiten en su caminar. ¡La de los héroes que pasan a la historia! Acaban de alcanzar el centro de este magnífico coliseo. Y ya se disponen a subir a la plataforma, donde cada uno tomará su puesto.



El doctor está a punto de hacer la incisión. ¡Qué presencia la suya! El público contiene el aliento. El paciente firma el consentimiento. ¡Con qué dignidad! El coliseo entero tiene el corazón en un puño. Y ahí va la incisión. ¡Qué precisión! Y ya tenemos su cráneo a la vista. El paciente ha subido el pulgar. El público estalla en aplausos. El paciente se lleva ahora el índice a los labios. El coliseo calla.



Porque ahora, viene el momento más delicado. Ahí va el taladro. ¡Certero, perfecto! Desde las pantallas del coliseo vemos ya su cerebro. Y ahora. El momento decisivo. El momento que pasará a la historia. El médico alza su mano hacia el cielo. El metal brilla entre sus dedos. El público tiembla de emoción. ¡Y allá va! ¡Qué agilidad de movimientos! ¡Qué destreza! ¡Y ya tenemos el chip dentro de su cerebro!



¡Qué tensión! El paciente no reacciona. ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Y sí! Ahí está de nuevo su pulgar hacia arriba. Se acaba de desatar la locura en el coliseo. La gente aplaude. La gente se abraza, la gente se besa. Y lágrimas de felicidad recorren multitud de mejillas. El paciente se baja de la camilla y saluda con orgullo y satisfacción. El doctor vuelve a entrar en acción. ¡Aquí trae el televisor!



El paciente ya está delante. El público está de nuevo en silencio. El paciente se concentra. ¡Qué suspense, qué intriga! Sigue concentrado. Sigue concentrado. ¡Y sí! ¡Acaba de encenderla con el poder de su mente! Y ahora ha cambiado de canal. Otro canal. Y otro más. ¡Y otro! El público vitorea cada vez que cambia de canal sin mover un sólo dedo.



Y ahora, el momento final. ¿Será capaz de apagar el televisor? Se concentra. Se concentra. Se concentra. El paciente suda. El público suda. Sigue intentándolo. Sigue intentándolo. Se masca la tensión. ¡Vamos, vamos, vamos! ¡No! El paciente ha bajado su pulgar. Repetimos. Pulgar hacia abajo. El público se lamenta. Llora. Desgarra sus vestiduras. ¡Estábamos tan cerca! Paciente y doctor se abrazan compungidos y se despiden del desolado público.



En unos minutos se abrirán las jaulas de los leones. Mientras tanto, damos paso a la publicidad.