75. PURO INSTINTO ANIMAL
Anthony Ali Muhye Velis | Ant

El silencio de los niños siempre resulta sospechoso, así que es algo instintivo y normal que las madres se preocupen cuando esto pasa… Especialmente cuando tienes un perro pequeño en casa y un bebé de unos tres años.
De pronto llamas al niño y él entra en silencio a la habitación justo antes de que vayas a buscarlo. Pero te pareció tan extraña esa quietud que lo examinas. Y entonces te das cuenta de que tiene toda la ropa, las manos, la cara y ¡¿la boca?! llena de pelos. Entonces no sabes si reírte, asustarte o echarte a llorar; si hacerte la loca, limpiarlo bien y olvidarte del tema o preguntarle tratando de no hacer un drama de eso.
Tú decides lo segundo, tratando de respirar profundo y juntar toda la paciencia del mundo. Y le preguntas con el ojo a punto de temblar con un tic nervioso, pero tratando de que no se te noten todas esas emociones en la voz:
-«¿Dónde estabas, mi amor?».
-«Allá», te responde, señalando la sala de estar.
-«Y ¿qué pasó con Luna? ¿Por qué estás todo lleno de pelos y tienes hasta en la boca?»
Tienes que respirar de nuevo porque la neurótica que hay en ti quiere salir a toda costa. ¡No la dejes! Tú eres una adulta, una madre, tú puedes con eso.
-«La moní», contesta él con toda la dulzura e inocencia de la que es capaz un bebé.
-«¿Cómo que la mordiste?», preguntas tú, esta vez con una mezcla entre curiosidad, asombro e incredulidad. La verdad, no estás tan segura de querer escuchar la respuesta.
-«Chi, la moní», te repite él, confirmando que lo entendiste bien, que no te estás equivocando.
-«Y ¿por qué la mordiste?». En ese momento entra la perrita y te das cuenta de que ella está en perfecto estado, sacudiéndose un poco, con aire travieso, pero no muestra miedo hacia el niño y parece como si solo hubiesen estado jugando. Así que volteas a ver a tu hijo, esperando ahora por la respuesta con un extraño morbo.
-«Puque me monió».
Y esa declaración tan contundente de «puque me monió» te hace terminar de reír a carcajadas, contagiando de risa a los dos, y ya ni siquiera sabes si regañarlo o ir a revisar a tu mascota, que debió haber recibido la peor parte. ¡La pobre Luna no esperaba ser mordida por un humano en miniatura, definitivamente!