1183. ¡QUÉ BARBARIDAD!
Cristina Navarro Soler | A todo que sí

Me flipan las barbas. Todas. Si un hombre lleva barba, me gusta. Suelo tener varios flechazos durante el día, con barbas desconocidas. Amores a primera vista. ¿Conocéis algún hombre feo con barba? Yo tampoco. Porque la barba es el push-up de los feos.
Sólo hay una excepción que rompe la regla: las barbas extremadamente tupidas. Sí, esas de hípster – leñador. Me dan grima.
Cuando veo a un hombre con este tipo de barba, me lo imagino dándole un buen mordisco a un melocotón, de esos que están muy maduros, que sueltan mucho zumo, y puedo visualizar como le chorrea el líquido por la barba hasta caerle al pecho y mancharle la camisa. Esas barbas tan profundas me crean desconfianza… como si en cualquier momento fuera a salir algo de ahí dentro. Algo vivo, como un periquito que se ha hecho allí el nido.
Además, en estas barbas hay algo que desentona, que no casa. Muchos hombres tienen el vello facial de color negro azabache, duro, resistente, brillante. Con ese rizo encrespado tan característico de las barbas tupidas, incluso un poco afro. Pero en cambio, en la cabeza tienen más bien poco pelo, de color castaño claro, lacio y muy fino. Qué contraste, ¿no? El pelo de un príncipe de cuento y la barba como el vello púbico de un jugador de la NBA.

Llegados a este punto, quiero hacer una mención especial. Y hablar de la que es, sin duda alguna, la barba más desgraciada de España. Cuando la veo por la tele puedo sentir su agonía. Dios mío, la llenaría de besos y de caricias para intentar consolarla un poco, si pudiera.
Es una de las barbas más bellas que he visto en mi vida. Es perfecta. Es bastante poblada, pero sin llegar a ser tupida, con el bigote ligeramente afeitado en los extremos. Las patillas se unen a la barba, pero en una línea no muy gruesa, que le da un aspecto varonil, elegante. Tiene algunos pelos canosos. Parece algo desaliñada, pero está estudiada al detalle.
Es la langosta de las barbas, el Shangri-La. Las demás a su lado, son los palitos de surimi del súper, no te los comes ni con mayonesa.
Qué vida tan injusta, pobre barba. Tan bella y tan infeliz. Tan conocida y a la vez tan avergonzada de ser la parte visible de un “político” sin escrúpulos y sin vergüenza. Pobre barba de Santiago Abascal.

Cualquier día de estos se planta. ¡Hasta aquí! Y se autodestruye. Entrando voluntariamente en un estado permanente de alopecia areata, a lo kamikaze.
Pobre barba. Fíjate bien en ella cuando la veas por la tele, y la verás gritar, suplicar con todas sus fuerzas que alguien la afeite. Me rompe el corazón.