¿Qué pensará Ahinoa?
Evelio León Ortega | Evel

Votar

Zoila, desde una distancia prudencial examina a las personas que están en el restaurante, pero no reconoce a nadie. Sus pelos revueltos y sus pies descalzos denotan que la travesía para llegar al lugar ha sido agitada. A pesar que cojea un poco al caminar está contenta por llegar antes que Ahinoa a su cita.

Desde el primer mensaje que Zoila leyó de Ahinoa en el grupo de WhatsApp que compartían, notó que aquella muchacha odiaba la impuntualidad. Por lo que había que correr y, además, llegar primero para coordinar los últimos detalles de la cena.

Zoila se aproxima ladeando su cuerpo a una de las mesas de la terraza. Al sentarse siente que la ropa interior se le desgarra. – ¡Malditas bragas de encaje! – Murmura molesta. Y mientras intenta acomodárselas un camarero se acerca.

– ¿Desea algo?

– Vino tinto y hielo aparte.

El camarero se marcha. Zoila abre su bolso, se quita las bragas y las tira dentro. Aprovecha y sacando sus zapatos de tacones se los pone. Su tobillo está inflado, pero no le preocupa, pues es una excusa perfecta para que Ahinoa la lleve en sus brazos a casa después de la cena.

Zoila sonríe maliciosa. El camarero le trae el pedido y la carta.

Un sorbo de vino y con ayuda de un pañuelo cubre con hielo su tobillo inflamado. Zoila despliega la carta a pesar de saber que la comida afrodisiaca es la especialidad del restaurante, por ello marcó la cita aquí, pues cree firmemente que los sabores y aromas intensos ayudan a despertar la pasión.

De pronto, Zoila queda pensativa. Enciende el móvil y en el buscador del chat con Ahinoa teclea la palabra “carne”, pero no hay resultado. Luego “pescado” y tampoco hay coincidencias – ¿Qué le apetecerá a Ahinoa? – Era increíble que este detalle lo pasara por alto.

Por las innumerables conversaciones Zoila sabía mucho de los gustos de la otra chica. No era casual que su vestido fuera azul celeste y que no llevara sus labios pintados. Hasta los malditos encajes de la ropa interior que Zoila traía puesta, los había comprado por internet en la tienda de Ahinoa, para sorprenderla si llegara el momento. Todo estaba calculado, menos esto – ¿Y si Ahinoa es vegetariana?

Zoila bebe de su copa y se tranquiliza. Piensa que hasta una alcachofa se le puede agregar salsa afrodisiaca.

De repente, la tranquilidad del lugar es interrumpida por una banda de Tuna que aparece bajo un balcón vecino – ¿Qué dirá Ahinoa? – Ella desde pequeña detesta esa música.

Zoila intenta ponerse de pie para hablar con los músicos, pero su tobillo inflamado le da un tirón.

– ¡Qué más falta! – maldice adolorida Zoila.

Un torrencial aguacero abate de imprevisto. Los clientes que están en la terraza corren a guarecerse.

La banda de música sigue cantando bajo el diluvio sin que esto les afecte. Zoila queda bajo la lluvia sin poder moverse mirando a los músicos acongojada – ¿Y ahora, que pensará Ahinoa?